sábado, 5 de agosto de 2017

Conversatorio Autocracias, dictaduras y tiranías en la Historia de Venezuela, por Daniel Terán-Solano



La Historia de Venezuela desde 1810 hasta la fecha bien podría resumirse como la larga lucha por la libertad y contra el despotismo. Los orígenes de nuestra República en la sangrienta y costosa guerra de independencia fueron clara expresión del deseo de un sector por obtener un espacio de libertades más amplias y francas a las que existían bajo el régimen colonial español.

De allí en adelante las luchas que emprende el Pueblo venezolano para reclamar mayores y mejores libertades a lo largo de un agitado siglo XIX republicano es a través de una larga sucesión de conflictos que tienen su máxima expresión en la guerra civil como forma de dirimir las controversias, acceder al poder político, y tratar de establecer así mayores espacios de libertad ante lo que se considera un orden injusto o de deficientes libertades. Sin embargo, en medio de ese torbellino se alzará la figura del caudillo, hombre de armas que es el jefe de un sector social o territorial determinado (llaneros, orientales, andinos) y que también será la encarnación de una sociedad desordenada: que apela a la autoridad excesiva de un hombre fuerte para ganar el orden y la paz tan anheladas como escasas. Personajes como Páez y Guzmán, representan la cara más positiva de esta etapa al plantear intentos coherentes de modernización institucional y material, mientras que otros como Mongas, Crespo, Casto y Gómez son la faceta más despótica del modelo, en cuanto que son la viva imagen de tiranos que imponen su voluntad por encima de leyes e instituciones y buscan someter a la sociedad a sus designios, tratando de crear casi literalmente un país a su gusto, imagen y semejanza. En ambos casos, los caudillos también representaran el papel de líderes que quisieron en su momento ampliar las libertades populares y lamentablemente terminaron restringiéndolas en la mayoría de los casos.

Es así que al llegar el siglo XX, justo cuando muere el último gran caudillo, J.V. Gómez y el país vive el impacto transformador del petróleo, parece que el Pueblo venezolano está maduro para ser protagonista nuevamente en las luchas por la libertad, adormecidas en tantos años de guerras civiles y tiranías caudillistas. Y a decir del gran historiador Manuel Caballero, “nace la política” cuando va dejándose la guerra civil y la apelación de la violencia como forma de participar en las controversias y se van creando poco a poco partidos, sindicatos, asociaciones profesionales, gremios y corporaciones que encargan un deseo de la sociedad de convertirse en artífice y autor de su propio destino. Venezuela “se baja del caballo” y parece dejar definitivamente atrás al hombre providencial montado a caballo y que pondría orden. El lapso que va desde 1935 a 1958 ve forjare una nueva y más dinámica Venezuela que tras 1958 se convertiría en la Democracia más sólida de Suramérica y uno de los países más prósperos de Latinoamérica.

Pero la Historia nunca termina. Los Pueblos evolucionan y las circunstancias cambian, y hasta los sistemas políticos que parecen más sólidos y aparentemente perfectos, mutan y se trasforman, cayendo y feneciendo. Los fallos del proyecto democrático de 1958 hacen que cuarenta años después los ciudadanos le den la espalda a su sistema de libertades y decían apostarlo todo a darle gran poder a un solo hombre, con la confianza que pondrá “orden” para sus problemas. Pareciera que volvemos al siglo XIX porque aquél mismo hombre traerá consigo el retorno de una polarización y confrontación alrededor del culto a su persona como no se creía que volvería a verse en Venezuela.

Y así llegamos a un siglo XXI donde parece que la política ha despertado con mucho fulgor, que la libertad, palabra muchas veces abstracta y mal interpretada, ha cobrado gran vigencia porque son muchos –especialmente los más jóvenes- los que la anhelan por no haberla conocido bien, y porque desde 2016 hasta la fecha la tiranía ha tomado forma, cuerpo y presencia mucho más allá de las amenazas hasta constituirse en un real peligro para nuestra propia República.

Sobre toda esta evolución que nos lleva del pasado a este angustiante presente es entonces de lo que hablaremos, porque justamente en momentos como los actuales, es justo y necesario reflexionar sobre el camino andado, para que tras el análisis del ayer, podemos entender mejor el hoy, y con la información adecuada tengamos más herramientas ciudadanas para decidir sobre el mañana que a todos nos atañe.


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Daniel Terán-Solano (Caracas, 1978) es Licenciado en Historia y Doctorando en Historia por la Universidad Central de Venezuela, UCV y cuenta además con estudios de Educación por la Facultad de Humanidades de la misma Universidad y la Universidad Católica Andrés Bello. Ha sido docente en Bachillerato por las áreas de Ciencias Sociales y Humanidades durante quince años en diversos colegios tanto públicos como privados. Fue profesor de Historia Económica en la Escuela de Economía de la UCV; del Departamento de Ciencias Sociales de la USB (Sede Sartenejas-Baruta) así como de Historia de la Civilización en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Monte Ávila, UMA. En la actualidad es profesor en la Escuela de Historia de la UCV y en la Escuela de Comunicación Social de la UCAB Ha publicado artículos y ensayos en medios impresos y digitales como El Nacional, Venezuela Analítica, El Estímulo y Run Runes, es coautor del libro El pensamiento de los Jóvenes (Editorial Cavendes, 1996), La Democracia Venezolana y sus acuerdos (UCAB, 2015) y La Carta de Jamaica: Historia y destino de América Latina (Ediciones AB, 2016). Ha sido entrevistado en diversas ocasiones por medios como El Universal, Unión Radio y Globovisión, entre otros. Actualmente se especializa en Historia Republicana de Venezuela, Historia de América Latina independiente e Historia Universal Contemporánea. Posee un blog: http://historiatotal-dantesol.blogspot.com/ y su cuenta de Twitter es: @DanTeranS

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