domingo, 21 de febrero de 2016

Reconocernos humanamente afines a pesar de las diferencias


"Un rechazo instintivo y su contrapunto seductor, un primer contacto erizado de hostilidad, rivalidades, discrepancias y oposiciones con las que nos veíamos, en medio de la contienda, tentados a observar, explorar, comparar los grados, las sutilezas de la diversidad. Tan diferentes y al mismo tiempo tan la misma cosa, bastaba con que nos atreviéramos a examinarnos y examinarlos con un poco más de detenimiento, bastaba con que nos tomáramos el trabajo de observarlos más de cerca para llegar a derribar la triple muralla de piedra de los prejuicios, para renunciar a las opiniones de que éramos esclavos, para despejar los engaños con que era ofensivamente rebajada nuestra condición de seres libres y pensantes (se es libre porque se piensa, se piensa porque se es libre) y así llegar a descubrir al fin, a pesar del caos y la brutal discordia que reinaban en todas partes, a pesar de las razas, de las naciones, de las creencias, de las sectas, de las clases, de los trabajos y profesiones, en cada tú el mismo, el mismísimo yo necesitado de inocencia, de cordura y de perdón".

© Victoria de Stefano, Historias de la marcha a pie (El Otro El Mismo, 2005)

viernes, 12 de febrero de 2016

Discurso de orden de Joaquín Rodríguez Alonso durante la Sesión Especial del Concejo Municipal de Chacao en honor al Día Anual en recuerdo de las víctimas del Holocausto




Sobrevivientes de la Shoá y familiares,
Apreciados rabinos, directivos y miembros de las organizaciones comunitarias judías en Venezuela,
Shalom!

Ciudadano Alcalde, Presidente y Concejales del Concejo Municipal de Chacao,
Ciudadano Alcalde del Municipio El Hatillo,
Honorables Embajadores e ilustres funcionarios acreditados de las diversas misiones diplomáticas en el país,
Distinguidos representantes de instituciones académicas, sociales, culturales, políticas, sindicales y empresariales,
Amigas y amigos
Muy buenas noches

¡Qué vergüenza estar hoy aquí ante ustedes! No recuerdo haber pasado por una humillación mayor en mi vida. Nunca como hoy he sentido tan inmensa desproporción entre lo que se me pide y lo que puedo dar: al verme parado aquí, como orador de orden, en este acto de recuerdo por las víctimas de la Shoá, no puedo menos que ambientarme en aquel despertar insólito de Gregorio Samsa, que amaneció convertido en un inmenso insecto nauseabundo, el personaje de La Metamorfosis, creado por el genio de Franz Kafka, cuyas tres hermanas, por cierto, se incluyen entre los seis millones de víctimas del Holocausto.

¿Quién soy yo para hablar en público, cual autoridad, de esta tragedia que arruinó irremediablemente toda comprensión moderna de la dignidad de la persona humana? ¿Qué hago yo aquí, teniendo frente a mi, a sobrevivientes que llevan en sus entrañas, más que en su piel, el estigma maldito del mas brutal odio de los hombres, sin ser humano? ¿Cómo me atrevo a compartir este sitial con familiares de sobrevivientes, nacidos de unos "residuos de muertos", que desde hace 71 años se dispersaron por el mundo, para convertir pesadillas de terror en esperanzas de ilusiones; carnes y huesos de torturas en cuerpos e inteligencias para el trabajo y el progreso; ruinas de humanidad en construcciones de ciencia, tecnología, innovación, desarrollo, artes, servicios, y aún mas: un Estado propio, en su propia tierra, para consolidar las aspiraciones de un pueblo de indestructible vocación, varias veces milenaria?

Como aquel "bicho" de la obra citada (una especie de cucaracha, en nuestra mejor analogía criolla), hubiera preferido ocultarme, pasar desapercibido, para no soportar la carga de esta vergüenza. Pero, fui amigo de Trudy Spira, una de esas amistades que cambian la vida: el contraste dramático de su bondad sencilla y su esperanza firme en la humanidad, frente a la brutal y desgarradora experiencia de Auschwitz, revelaba en unos pocos minutos de conversación con ella, lo que cientos de libros y videos no son capaces de poner en contexto sobre la condición humana. En estos días previos, he recordado con intensidad sus confesiones acerca de los insomnios de angustia que precedían cada conferencia de sus testimonios como sobreviviente, y a pesar de ello, se entregó generosamente a ese sufrimiento de recuerdos, con el compromiso de contribuir a que nunca más se volvieran a repetir tan trágicas experiencias.

También he compartido muchos momentos entrañables, hasta las lágrimas, con David Yisrael, cuya admirable valentía e integridad se crece con los años, y con Harry Osers, el brillante profesor universitario, y el ejemplar matrimonio de Hillo y Klara Ostfeld, por mencionar solo algunos (entre los vivos y los muertos) de los sobrevivientes que nos han acompañado cada año a construir ese espacio de reflexión y testimonio en la Universidad Monteávila que es el Seminario Anual en Recuerdo de las Víctimas de la Shoá (que desde el pasado año lleva el nombre de Trudy Spira), y que hemos animado en colaboración fraterna con Yad Vashem, B'nai B'rith, Espacio Anna Frank, la Federación Sionista, el Centro de Estudios Sefardíes, la CAIV y otras instituciones de la comunidad judía, así como con familiares de los sobrevivientes. En esas amistades y en esa humilde colaboración, algunos aquí han supuesto, equivocadamente, algún mérito de mi parte para la designación de hoy. Les disculpo por su error, que estoy convencido que se debe a un exceso de generosidad. A la vez que les agradezco inmensamente esta distinción y oportunidad.

¿Y, bien, qué hacemos hoy, aquí? Como en algunas otras partes del mundo, y por feliz iniciativa del Concejo Municipal de Chacao, nos sumamos a la jornada anual dispuesta por la resolución 60/7 de Naciones Unidas, de fecha 1o de Noviembre de 2005 (firmada en su cuadragésima segunda asamblea ordinaria), que estableció el 27 de enero como Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto (principalmente un tercio del pueblo judío, o en macabra equivalencia, dos tercios de la población judía de Europa), tomando ocasión de la misma fecha de 1945 en la que el ejercito ruso liberó a los prisioneros que aún permanecían en Auschwitz, el mayor campo de exterminio. Esta misma resolución instauró un programa de divulgación y educación para la recordación del Holocausto "con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro". Este programa, para el presente año, se ha propuesto el tema de "El Holocausto y la dignidad humana", con el que busca establecer un vínculo entre la recordación del Holocausto y los principios fundacionales de las Naciones Unidas.

Pero, si bien celebramos la resolución y el programa de Naciones Unidas sobre el recuerdo de las Víctimas del Holocausto, ¿cuánto sabe Naciones Unidas sobre la dignidad humana? Precisamente en la misma formulación de su Declaración Universal de Derechos Humanos, que reconoce la dignidad humana como fundamento de tales derechos, los redactores no lograron ponerse de acuerdo en qué consistía dicha dignidad, como nos recordó el llamado "cardenal judío" de París, Jean Marie Lustiger (cuya familia también fue asesinada en Auschwitz), en su ensayo "Haceos dignos de la condición humana". Señala allí cómo se fueron eliminando sucesivamente las propuestas de borradores que pretendían dar razón de la naturaleza universal de la fundamental dignidad e igualdad humana, y refiere al filósofo francés, Jacques Maritain, que participó directamente en la elaboración de esta Declaración, para señalar que el acuerdo de la redacción final, sin mención alguna al fundamento de la dignidad humana, se logró a expensas de no insistir en averiguar su razón de ser: en expresión que registró el mismo Maritain "estamos de acuerdo en esos derechos a condición de que no se nos pregunte por qué".

No se trata de restarle valor y significación a la Declaración Universal de Derechos Humanos, que es, sin duda, una de las cumbres mas excelsas de la civilización, al confirmar como ley positiva de todas las naciones, por el más amplio acuerdo jamás logrado, el reconocimiento de la intrínseca igualdad humana y su aspiración universal a la libertad, la paz y la justicia. Se trata de reconocer que esos derechos, como nos enseñaba el mismo Maritain en su obra "El hombre y el Estado", aún los considerados como absolutamente inalienables, tienen limitaciones en su ejercicio práctico (así, el derecho a la vida, que tipifica la prohibición de la ley natural de "no matarás", se puede suspender ante el agresor homicida o el enemigo de la patria en guerra), por eso, aunque hayamos convenido, desde posiciones políticas muy divergentes, en una misma lista de derechos fundamentales - motivados por un sentido práctico de cierta intuición natural, a pesar de sostener posiciones radicalmente diversas en su justificación teórica - "todo depende del valor supremo de acuerdo con el cual se ordenen y limiten mutuamente esos derechos". Esa "relatividad" se ha prestado para "justificar" los peores abusos y violaciones de esos mismos derechos.

El mismo Maritain observó la dificultad en establecer un mismo valor supremo, universalmente reconocido, sobre la base de las radicales diferencias en las filosofías políticas y en los credos religiosos existentes, pero sobre el reconocimiento del necesario recurso a ese valor fundamental que reclama la razón de cada individuo para actuar, proponía la apertura al diálogo, difícil, largo, angustioso, pero posible y fecundo, entre los sistemas, ideologías y religiones. Lo que es inadmisible es sucumbir al relativismo de todos esos valores, que necesariamente desemboca en el nihilismo de no reconocer valor supremo alguno, o alternativamente, establecer como tal, el infame predominio de intereses oportunistas, astutamente manipulados por la ambición de poder, la avaricia del dinero y el vicio de placeres. 

Y eso está ocurriendo en Naciones Unidas cuando en vez de promover una eficaz campaña contra el antisemitismo, incluyendo una conferencia mundial sobre tan neurálgico asunto de dramática actualidad, y denunciando de manera contundente y comprometida las radicales agresiones de algunos de sus estados miembros, que no solo se burlan de la historia, negando la existencia misma del Holocausto, sino que prometen llevar a cabo el holocausto real y definitivo de la eliminación de Israel, de modo escandalosamente reiterado y desproporcionado singulariza al Estado de Israel como responsable de violaciones de derechos humanos: porque eso es antisemitismo.

El valor supremo que ordena toda la jerarquía de valores del pueblo judío, y por tanto, la conciencia de su dignidad humana, es precisamente su singular identidad como pueblo. Los rabinos y creyentes ente ellos harán consistir esa identidad en la irrevocable alianza establecida por Dios en la vocación de Abraham (elegido entre los herederos de la remota promesa pactada con Noé), confirmada a Moisés en el Sinaí y recogida celosamente en la Torá; para los demás judíos, bastará definirla por los ancestrales vínculos maternales que se constituyen en una naturaleza autónoma y excluyentemente diferenciada como etnia, sostenida por unas tradiciones propias, varias veces milenarias, y que discurre a través de toda la historia en singular y ejemplar contraste con todos los demás pueblos, aun cuando aparezcan dispersados entre ellos, asumiendo una segunda naturaleza sin prescindir nunca de la primera.
Esa identidad es la que ha estado amenazada de extinción desde los comienzos mismos de la historia: Egipto, Persia, Grecia, Roma, en la edad antigua; los países cristianos en la edad media y moderna, hasta el clímax del Holocausto en la edad contemporánea, y más recientemente los países islámicos. Persecuciones, expulsiones e intentos de exterminio han caracterizado un permanente enfrentamiento específico contra el pueblo judío. La diversidad de épocas, de estructuras sociales, de intereses económicos, e incluso de credos religiosos, desde los que se ha atacado a los judíos, revelan que independientemente de las motivaciones temporales específicas, la razón del intento de su destrucción reside en la aversión a la invariable identidad del pueblo judío, su determinación de singularidad, y su custodia celosa de un modo de existencia que confronta con su sola presencia la transitoriedad de sus vecinos, enemigos o invasores. Divina, mundana, en el pueblo judío hay una clave originaria e irrepetible de lo que tiene de humano la humanidad, por eso, todo intento de su eliminación es un intento de suicidio.

Y eso fue la Shoá, un intento de suicidio de humanidad, al llevar al límite, hasta ahora conocido, el odio por la identidad del pueblo judío, que es la razón de su dignidad humana. La temporalidad circunstancial de la macabra fantasmagoría de las acusaciones de Hitler, hasta la blasfemia sacrílega de atribuirse darle una satisfacción al mismo Dios al perseguir a los judíos, solo fue la renovación, aunque inédita y extrema, de esa constante histórica de rechazo. No, los judíos no eran un enemigo a derrotar, no eran ninguna amenaza real ni potencial, ni siquiera por su pretendido poder económico e intelectual, por demás distribuidos a ambos lados de la contienda, como su misma población; y era por demás un contrasentido retórico y anticientífico el argumento de pureza racial. Ni eran los judíos una fuerza de resistencia, ni unos partisanos heroicos (salvo limitadas excepciones), ni siquiera unos mártires de religión o ideología.
Aún mas, en aquellos campos de exterminio (aunque también en las persecuciones, detenciones y escondites) se llegó a la depravación moral de los mismos reclusos, como nos hizo ver con dolor descarnado y hostil el mismo Primo Levi: el no aceptaba que se les llamara ni héroes ni mártires, pero en un giro retador de la ética, les tenía por inocentes, porque ante la destrucción de su dignidad, ya no podía haber culpa humana en sus colaboraciones, en sus traiciones, en sus renuncias. En los campos de exterminio se les hundió en el abismo del sin sentido, aunque eso ya vino preconizado por las leyes de Nüremberg, y como nos enseñó magistralmente Hannah Arendt, al analizar la banalidad del mal, se les impuso con una brutal fuerza de evidencia que solo por ser judíos, su trabajo no valía nada, ni sus capacidades, ni sus sufrimientos, ni sus relaciones, ni su vida, ni su muerte. Por eso Primo Levi se preguntaba, con respuesta anticipada, "si esto es un hombre". Y él mismo, que dedicó el resto de su vida al testimonio de este horror, se descubrió deshumanizado: "me he convertido en un superviviente de profesión, casi un mercenario", confesaba poco antes de suicidarse.

Por eso, me resulta insatisfactorio, incompleto y hasta tendencioso, que se presente el Holocausto como una lección histórica que debemos aprender para evitar que se repitan otras tragedias. Nada hay similar al Holocausto, ni siquiera en genocidios que superen el número de víctimas: en todos esos otros casos se busca destruir al enemigo, aunque sea del mismo pueblo, en razón de una ideología, de una política, de una economía, de una religión. Aquí, se busca destruir al pueblo judío, en razón de su identidad, de su dignidad humana. Si, por supuesto que tiene un valor de referencia paradigmático en el alerta sobre la perversidad de todo totalitarismo, en el alcance inhumano del odio de los hombres, en el valor sagrado de la vida humana, en las nefastas consecuencias de la cobardía de los indiferentes y la avaricia de los oportunistas calculadores. Serbia, Iraq, Libia, Sudán, Siria ... ¡qué escándalo y que dolor Siria! ¿hemos aprendido algo?

Pero insisto en que la lección propia por aprender de la Shoá sería la firme convicción de proteger a la comunidad judía de las inevitables reiteraciones históricas de su persecución, porque en ello se nos va el destino de la humanidad. Y no podría disculparnos de ese compromiso ni siquiera la constitución de su propio Estado, para que ellos mismos se protejan. A la vista de los sucesos recientes, ¡qué evidente resulta lo mal que hemos aprendido esa lección!: los frecuentes ataques homicidas contra judíos indefensos exhiben con estupor un renovado y feroz antisemitismo incluso en países garantes de su seguridad. Y el mismo Estado de Israel se encuentra rodeado de una frontera de amenazas de terrorismo y guerra islámica, y aún los líderes de las grandes potencias se congratulan de un acuerdo que pone en manos de enemigos declarados el poder nuclear para su destrucción. Y en nuestra misma tierra venezolana, cuyo pueblo recibió con fraternal entusiasmo al Caribia y el Königstein, los "barcos de la esperanza", no solo hemos expulsado al embajador de Israel, desde hace años, sino a más de la mitad de la población judía, entrañablemente venezolana.

Por eso renuevo mi vergüenza, personal, ante estos fracasos de los que me siento también responsable, cuando participo en estos actos, a los que sin embargo acompaño desde hace años, desde aquellas tímidas y reservadas conmemoraciones bajo la sinagoga de San Bernardino, con sus momentos de luz frágil de unas velas simbólicas y los sufridos lamentos de un kaddish, hasta las progresivas manifestaciones abiertas, públicas, de conferencias, conciertos y actos solemnes, mas recientes. Y es que con frecuencia, como experimentó tan crudamente Primo Levi y otros sobrevivientes, la memoria se convierte en barrera que impide alcanzar lo recordado, pues el testimonio habla con voz propia en vez de dejar hablar al ausente que se recuerda.

Por eso me pareció tan apropiado que hace unos días, cuando el papa Francisco visitó la Sinagoga mayor de Roma, se refirió a la deportación de más de mil hombres de la comunidad judía de Roma en Octubre de 1943 diciendo "deseo recordarles en mi corazón de modo particular: sus sufrimientos, sus angustias, sus lágrimas, no deben ser jamás olvidadas". Sabe latín el papa, y sabe de humanidad. Porque "recordar" remite a su origen en latín "cors, cordis", corazón: evocación de un tiempo en que se creía que la memoria residía en el corazón. Así, pienso que en estos actos, más que buscar aprender una lección de historia, necesitamos volver a "pasar por nuestro corazón" (ese es el sentido original de "re-cordar") los sufrimientos de la Víctimas de la Shoá, también los morales, para experimentar en carne propia la amenaza de destrucción de la dignidad humana, la nuestra también, si no hacemos algo por evitarlo, a tiempo y siempre.

Pero sería injusto no ofrecer un balance más equilibrado que sostenga la esperanza. Así, a modo de ejemplo, hace unos días, el Jerusalem Post nos traía el relato de Tal Bashan, una judía checa, hija de sobrevivientes, invitada a compartir una conferencia con Rainer Höss, si, el nieto del infame Rudolf Höss, comandante en jefe de Auschwitz (responsable directo del asesinato de al menos 500 mil judíos). A un rechazo inicial de tal invitación, siguió una apertura distante, motivada por el consejo prudente de su propia madre, de 92 años ("él no había nacido para entonces" le dijo). Y así, en reuniones previas al evento (que concentró a mil trescientas personas, y luego muchas más en su difusión por las redes informáticas) llegó a conocer como Rainer abandonó su familia a los 15 años, al conocer el pasado de su abuelo, pues su padre también mantenía un trato cruel con su esposa e hijos y una declarada aversión a los judíos, aún en los años '70, y Rainer luego de una juventud azarosa, que incluyó el alcohol y las drogas, constituyó una familia, se hizo chef, montó un negocio, tuvo tres hijos, pero su pasión irrefrenable fue indagar sobre el Holocausto, en archivos y entrevistas, y desde hace años se dedica exclusivamente, de modo personal y en colaboración con varias organizaciones, a testimoniar sobre su pasado y educar sobre la tragedia y significación del Holocausto, e incluso a identificar criminales de guerra que aún se encuentran ocultos. Con una estrella de David al cuello, regalo directo de un sobreviviente, Rainer Höss es uno de los muchos alemanes de segunda y tercera generación posterior al Holocausto, que han asumido responsablemente las consecuencias del pasado de sus familias y un compromiso inequívoco por custodiar a la comunidad judía, a pesar de un entorno agresivo e intimidante de mas de 360 mil nazis en su propio país, y sobre los 2 millones y medio, en la misma Europa.

Y esa Alemania no solo ha establecido programas de difusión y educación para mantener viva esa responsabilidad, sino que ha establecido generosos fondos de compensación, y se ha convertido en el tercer socio comercial de Israel (junto a Estados Unidos y China ). Así, si el pasado año, hacíamos aquí un justo reconocimiento a las delegaciones diplomáticas de los países cuyos ejércitos habían liberado en 1945 a los prisioneros de los campos de exterminio, pienso que es oportuno hacer un reconocimiento hoy a la delegación diplomática de Alemania, por su decidido compromiso de responsable rectificación histórica y solidaria con el pueblo judío, cuyos representantes aquí en Venezuela, han venido dando muy noble y destacada manifestación de esta misión.

Por otra parte, el pasado mes de diciembre, la Comisión del Vaticano para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, produjo un nuevo documento, con ocasión de los 50 años de la emblemática encíclica "Nostra Etate", que había supuesto un radical reinicio de la relación entre ambas religiones. Ya esta comisión había producido en 1998 un documento en el que reconocía el balance negativo de los 2000 años de relaciones judeo-cristianas, y la responsabilidad culpable de tantos cristianos en el antisemitismo a lo largo de los siglos, y en particular, en la barbarie de la Shoá, que se convirtió en un punto de quiebre definitivo para reconstruir la relación con el pueblo judío y su religión.

Ahora, después de tantos años de diálogo honesto y fecundo, tan promovido desde el comienzo por Juan Pablo II, este documento reitera la irrevocabilidad de la alianza de Dios con su pueblo Israel, y asume el intrínseco fundamento del cristianismo en el judaísmo, retomando las referencias a los judíos como "hermanos mayores" (según Juan Pablo II) y "padres en la fe" (según Benedicto XVI). No es ocasión aquí para desarrollar el alcance y profundidad teológicas de este nuevo documento, que tendrá un profundo impacto radical en la relación judeo-cristiana, como ya lo evidencia un extraordinario documento, de la misma fecha, elaborado originalmente por 25 rabinos ortodoxos de Israel, Estados Unidos y Europa, al que se han adherido rápidamente varios miles de rabinos, y en el que se señala "ya no somos mas enemigos, sino colaboradores inequívocos en articular los valores morales esenciales para la sobrevivencia y bienestar de la humanidad. Ninguno de los dos puede realizar la misión de Dios en este mundo por separado". No es de extrañar que en este novedoso contexto, apenas unos días después, el papa Francisco en su reciente visita a la Sinagoga mayor de Roma afirmará con su sencillez y humildad característica "de enemigos y extraños, nos hemos convertido en amigos y hermanos".

Que la Alemania que hizo surgir el nazismo, responsable - en el extremo de su perversión totalitaria y criminal - de llevar a cabo el horror de la Shoá; que la Iglesia Católica, custodia del cristianismo, en cuya civilización se desarrolló por siglos un feroz antisemitismo, hasta alcanzar el paroxismo de la Shoá; hayan rectificado de este modo y construido con el pueblo judío tal solidaridad y fraternidad, es sin duda una evidente señal de esperanza, aunque esté ocurriendo al tiempo del surgimiento de la terrible amenaza del fanatismo islámico, pero también aquí debemos sembrar y construir la esperanza posible, antes que sea demasiado tarde.

Cómo quisiera que también aquí, en mi país, aprovechando la necesaria y urgente reconstrucción de nuestra sociedad, arruinada durante años por una política irracional y totalitaria, encubridora de delincuentes, traidores y corruptos, sembradores de mentira, odio y división, pudiéramos de nuevo comprometernos en una eficaz protección de la comunidad judía: que actos como éste, en conmemoración de las Víctimas de la Shoá, - que distingue en acierto y nobleza al Concejo Municipal de Chacao y a su Alcalde - sean iniciativa de instituciones venezolanas que reconocen que la memoria viva del Holocausto es una necesidad universal, no una costumbre necrológica de las comunidades judías; y que este recuerdo se evidenciara cotidianamente, en una Plaza "Trudy Spira, Sobreviviente de la Shoá, venezolana"; en una universidad "Harry Osers, Sobreviviente de la Shoá, venezolano"; en un Centro Empresarial "Hillo Ostfeld, Sobreviviente de la Shoá, venezolano"; en un Complejo Deportivo "David Yisrael, Sobreviviente de la Shoá, venezolano"; y que en un día como hoy, en acto solemne, los Poderes Públicos Nacionales renovaran ante el Embajador de Israel en Venezuela su compromiso de solidaridad y fraternidad con el pueblo judío; y que en los liceos, en esta fecha, se distribuyeran estrellas amarillas con nombres de fallecidos en los campos de exterminio, para que nuestros estudiantes, adolescentes, se preguntaran y averiguaran "¿qué fue esto?", y que nuestras universidades presentaran estudios críticos de investigadores, en colaboración con instituciones internacionales, sobre las motivaciones, eventos y consecuencias de la Shoá; y que los grupos culturales nos acercaran con sus artes a la pasión de las tradiciones y creaciones judías, en testimonio del enorme potencial artístico que sucumbió en los campos de exterminio; y que nuestros medios de comunicación difundieran ampliamente estos mensajes, hasta que ninguno de nuestros ciudadanos pudiera ignorar esta tragedia de humanidad... y que miles de judíos, venezolanos, caminaran seguros por nuestros calles.

Todá rabbá! ¡Muchas gracias!

Concejo Municipal de Chacao
Conmemoración Anual de las Víctimas del Holocausto
Centro Cultural Chacao
28 de Enero de 2016

jueves, 11 de febrero de 2016

Embajador Stefan Herzberg: “Comprendamos la presencia de la cultura judía como un enriquecimiento”


"Distinguidos presentes:

Quisiera expresar mi agradecimiento a Espacio Anna Frank, así como a las demás instituciones participantes, por el evento de hoy para conmemorar la liberación del campo de concentración de Ausschwitz el 27 de enero de 1945. Es para mí un gran honor tener la oportunidad, en mi calidad de representante del país responsable por la muerte de millones de judíos, de pronunciar algunas palabras. Quisiera hacer tres observaciones.

En primer lugar, quisiera honrar con una reverencia a los sobrevivientes que hoy se encuentran entre nosotros. Les agradezco las narraciones acerca de los campos de exterminio, las cuales me han conmovido profundamente. Éstas me han aclarado la importancia que tiene el que nosotros los alemanes hayamos decidido en 1996 y las Naciones Unidas en 2005, celebrar el 27 de enero de 1945 como Día de Conmemoración de las Víctimas del Nacionalsocialismo. El Presidente Federal, el señor Gauck, expresó el año pasado a este respecto: “No hay identidad alemana sin Auschwitz. Recordar el Holocausto es cosa de todos los ciudadanos que viven en Alemania”. Y la Canciller Federal, la señora Merkel, ha inaugurado esta semana una exposición en el Museo Alemán de Historia. Allí se han expuesto más de 100 cuadros que fueron creados en los campos de concentración y que por primera vez pueden ser apreciados fuera de Israel gracias al apoyo de la organización Yad Vashem. La Canciller Federal subrayó en esta ocasión que la conmemoración del Holocausto debía ser entendida como parte de la memoria nacional.

Esta conmemoración –y he aquí mi segunda observación– debe ser entendida por nosotros los alemanes como una responsabilidad para el futuro también. Este 27 de enero nos motiva a preguntarnos si nuestros conciudadanos judíos están expuestos a hostilidades antisemitas. El Embajador de Israel en Berlín lo ha afirmado categóricamente y esta semana ha hablado de un incremento del antisemitismo en toda Europa. Lamentablemente, ello también aplica a Alemania. Además del número de abusos por parte de la extrema derecha, el flujo de refugiados nos causa grandes preocupaciones. Por una parte, le dan un empujón a aquellas fuerzas que se oponen con motivos racistas no solo a los refugiados musulmanes, sino también a los conciudadanos judíos. Y por otra, los refugiados proceden principalmente de países en los cuales el exterminio del Estado de Israel es una parte de importancia en la educación. En este punto, no debemos caer en recriminaciones globales contra grupos individuales. La discusión actual acerca de las agresiones sexuales contra mujeres la noche del 31 de diciembre en Alemania demuestra lo difícil de esta situación. Sin embargo, continúa siendo una tarea central, tal como lo manifestó la Canciller Federal esta semana: “Combatir el antisemitismo y no permitir compromisos”.

Y tercero, en Alemania intentamos transmitir el importante aporte que desde siempre ha realizado el Judaísmo a las ciencias, la cultura y al desarrollo económico de Alemania. Nos complace que muchos jóvenes israelitas hayan ido a Berlín y que, con su presencia y compromiso, hayan reanudado estas tradiciones. Se trata de un cometido social para nosotros los alemanes y consiste en integrar a personas de diversas culturas y religiones. Ante esta ola de refugiados, la tarea es ímproba, pero aislando y rechazando más bien perdemos. ¡Comprendamos la presencia de la cultura judía como un enriquecimiento!

Es mi deseo que esta última constatación encuentre validez más allá de Alemania, también en Venezuela. Se lo debemos a las víctimas del Holocausto".


Excelentísimo Sr. Stefan Herzberg
Embajador de Alemania en Venezuela
Discurso pronunciado en el marco de In memoriam 2016
Domingo 31 de enero de 2016

Embajador Silvio Mignano: “Todos fuimos víctimas”



"Cruzamos, a la mitad del siglo pasado, tiempos oscuros, tiempos en los cuales el lema Homo homini lupus se hizo tan cruel y real que los lobos, las fieras, habrían empalidecido y se habrían ofendido por la comparación con el género humano. Vimos pasar esos tiempos congelados, aterrorizados, inmóviles y enmudecidos dentro de escondites, tras las rejas, los árboles, los huecos entre tablas de una barraca o de una prisión, esperando que nadie se percatara de nuestra existencia, esperando borrar nuestra existencia por el terror que ella sola, con su consistencia de sombra, de esqueleto, de aire, pudiera traicionarnos y hacernos víctimas del Holocausto. Esperando que así, invisibles, pudiéramos cruzar ese tiempo de fieras y dejar que hubiera terminado.

Todos fuimos víctimas; algunos, sin embargo, fuimos también pávidos cómplices o atroces culpables. En ese tiempo, el silencio ya era pasivo, el silencio significaba negar la ayuda a quien la andaba buscando, sin contar ya con la fuerza de su propia voz.

Así se perdieron amores, pasiones, genio; también se perdió la vida de cada día, la pequeña felicidad que es derecho de todos. Se perdió un patrimonio de experiencias y memorias, de deseos y pensamientos. Nunca más podríamos reconstruir estos mundos interiores, el dibujo de los recuerdos, el encaje de las sensaciones. Por siempre quedaron perdidos, por siempre son un universo que añoramos, por siempre quedaron como la nostalgia de unas riqueza que nosotros, pávidos o crueles, callados o violentos, cancelamos.

Luego vino un tiempo en el cual unos hombres más valientes que otros, más honestos que otros, más nobles que otros, se alzaron y lucharon. Lucharon contra la bestia, lucharon contra la imposible pero real infamia que estaba ocurriendo, lucharon para derrotar la bestia y liberar a sus víctimas, para salvar a las almas inocentes que aún se pudieran rescatar, y para rescatar, guardar y celebrar la memoria de los que ya no se podían salvar. Llegó el tiempo de la lucha, del renacimiento de la Humanidad.

Finalmente llegó el tiempo en el cual los hombres, ya no lobos, pudieron reconstruir la mutua confianza, pudieron redescubrir el hecho de ser hermanos, hijos y padres, ser todos brotes de una misma vegetación hermosa, de las plantas que conforman con sus múltiples formas el jardín del género humano. Pudieron reconocer en los rostros de los otros, en sus facciones, en sus ojos, en la curva de sus labios, a sí mismos. Reconocer su propia existencia en el otro. Reconocer la belleza de no ser puros, de ser irremediable y felizmente mestizos.

Aprendimos nuevamente a saborear la música, a tocar los colores de un cuadro y las líneas de un dibujo, a escuchar las palabras de una narración o los versos de una poesía.

Sin embargo, también supimos entonces que ninguna certeza es eterna si no la defendemos, que ninguna vida es salva si no la guardamos, que ninguna atrocidad es irrepetible si no rescatamos la memoria. Supimos –y sabemos– que la memoria es la fuerza más suave y, a la vez, más poderosa que el hombre puede recibir, y que la memoria es un lugar donde es bello habitar, es la patria común. Esta patria común, hoy en día, esta noche, es lo que nos comprometemos todos juntos a proteger.

Supimos, y sabemos hoy en día, que la memoria tiene palabras y notas, que es música y canto, y en esta música y en este canto vivirán los que sobrevivieron y los que se perdieron, vivirán por siempre libres los que aman".


Excelentísimo Sr. Silvio Mignano
Embajador de Italia en Venezuela
Palabras pronunciadas en el marco de In memoriam 2016
Miércoles 27 de enero de 2016

lunes, 8 de febrero de 2016

Sobre el deber de la memoria: un trascendental reconocimiento de los municipios Chacao y Sucre

Recientemente, con ocasión del Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto, los Concejos Municipales de Chacao y Sucre dedicaron Sesiones Especiales a honrar esta fecha. Ambas instancias promovieron acuerdos que buscan establecer y crear conciencia en la ciudadanía sobre la trascendencia de esta conmemoración. Para Espacio Anna Frank es motivo de orgullo hacerse eco de estos acuerdos, tal como fueron consignados en las respectivas Gacetas Municipales:

Acuerdo 010-14. Gaceta Municipal N° 047-01/2014
Documento en el cual el Concejo Municipal del Municipio Sucre del estado bolivariano de Miranda, acuerda recordar y reconocer el 27 de enero como el Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto en atención a las resoluciones 60/7 (ONU) y 61 (Unesco).

Acuerdo 012-14. Gaceta Municipal N° 035-01/2016
Documento en el cual el Concejo Municipal del Municipio Sucre del estado bolivariano de Miranda, gracias a la gestión del Concejal Maykel Gabay, acuerda realizar una sesión especial en la que reconocerá la labor de importantes personas y organizaciones que han contribuido con la sensibilización de la ciudadanía en pro de luchar contra la discriminación y el antisemitismo: Trudy Spira (Z’L), Sra. Raquel Spira de Margulis, la CAIV, YAD VASHEM y Espacio Anna Frank.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Caracas rindió homenaje a las víctimas del Holocausto


La Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto cobró forma en Caracas a través del concierto In Memoriam, que la Organización de Desarrollo Social Espacio Anna Frank viene organizando desde 2011 y que en esta oportunidad convocó a un numeroso público en las dos funciones previstas.

El programa estuvo conformado por obras de compositores judíos como Joseph Achron, Ernest Bloch y Max Bruch, así como por el Ciclo “De Poesía Judía Popular” de Dmitri Shostakovich, que por primera vez se interpretó en Venezuela. También se presentaron tradicionales canciones sefardíes, el Himno de los Partisanos, el conocido “Va pensiero” de la ópera Nabucco de Giuseppe Verdi y una Fantasía Hebrea conformada por conocidas canciones populares israelíes.

Los intérpretes del evento fueron la actriz Mercedes Benmoha, el pianista Carlos Urbaneja Silva, el violoncelista Germán Marcano, el guitarrista Rubén Riera, el acordeonista Nissim Cojocaru, los violinistas Gianfranco Garofalo Alfano, Victoria Navarro y María Alejandra Jiménez Guillén, la laudista Doris Benmamán, la percusionista Karjelin Licet Chacón, y los cantantes Sara Catarine, Laura Medeleine Díaz y Gilberto Bermúdez, con el acompañamiento musical de los alumnos de la Escuela de Música Mozarteum de Caracas y el Coro de Cámara OperAlcance, bajo la dirección musical del maestro Daniel Gil.

Con su presencia y apoyo, el numeroso público que plenó las salas de conciertos del Centro Cultural BOD de la Castellana y de la Asociación Cultural Humboldt de San Bernardino contribuye a divulgar el significado y dimensiones del Holocausto, un crimen sin parangón en la historia de la Humanidad, y a sensibilizar a las nuevas generaciones sobre los peligros del totalitarismo, para evitar que hechos similares puedan repetirse en algún lugar del mundo.

El concierto In Memoriam de este año contó con el invalorable apoyo de las embajadas de Alemania, Italia y Argentina y el Comité Venezolano Yad Vashem.


Todos somos sobrevivientes del Holocausto

Como antesala de ambos conciertos se realizó un breve pero emotivo acto protocolar, con la participación de oradores de orden que reflexionaron sobre los hechos históricos vinculados a la Shoá, y sobre el presente y futuro de una Humanidad siempre expuesta los horrores del totalitarismo.

El profesor Néstor Garrido, quien en representación de Espacio Anna Frank tuvo a su cargo la presentación de ambos conciertos, expresó que aún “hoy, aunque no lo admitan, el totalitarismo sigue vigente como seducción: a veces se manifiesta en los que cortan cabezas de cristianos en el Medio Oriente, en los que se mofan de sus compañeros de clase por ser amanerados, o en los que hoy en día solo se escandalizan cuando las víctimas del terrorismo son europeas y no israelíes”.

Al recordar los padecimientos y pérdidas del Pueblo Judío durante la Shoá y lo que significó la liberación de los prisioneros de los campos de concentración, Garrido expresó que de alguna manera “todos nosotros sobrevivimos a los campos de Chelmno, Sobibor, Majdanek, Treblinka, Belzek y Auschwitz para dar testimonio de esto y no solo para recordar esos horrores”.

En la función del 27 de enero, el orador invitado fue el Excelentísimo Señor Silvio Mignano, Embajador de Italia en Venezuela, quien se paseó por ese período oscuro de la Humanidad durante la Segunda Guerra Mundial y lo que representó la solución final para los nazis.

Con la frase “cruzamos, a la mitad del siglo pasado, tiempos oscuros, tiempos en los cuales el lema Homo homini lupus se hizo tan cruel y real que los lobos, las fieras, hubieran empalidecido y se hubieran ofendido por la comparación con el género humano”, comenzó su intervención en el acto protocolar de ese día, para culminar con una visión esperanzadora acerca de la sociedad que surgió a partir del fin de la guerra.

“…también supimos entonces que ninguna certeza es eterna, si no la defendemos, que ninguna vida es salva, si no la guardamos, que ninguna atrocidad es irrepetible, si no rescatamos la memoria. Supimos, y sabemos, que la memoria es la fuerza más suave y a la vez más poderosa que el hombre puede recibir, y que la memoria es un lugar donde es bello habitar, es la patria común. Esta patria común, hoy en día, esta noche, nos comprometemos todos juntos a proteger”, expresó el embajador italiano para finalizar su intervención.

El domingo 31 habló para los concurrentes el Excelentísimo Señor Stefan Herzberg, Embajador de Alemania, quien manifestó su agradecimiento y respeto por los sobrevivientes del Holocausto, quienes con su testimonio han logrado sensibilizar a la comunidad internacional para que estén atentos a las señales de surgimientos de gobiernos totalitarios.

Expresó que “en Alemania intentamos transmitir el importante aporte que desde siempre ha realizado el judaísmo a las ciencias, la cultura y al desarrollo económico de Alemania. Nos complace que muchos jóvenes israelitas hayan ido a Berlín y con su presencia y compromiso hayan reanudado estas tradiciones. Se trata de un cometido social para nosotros los alemanes y consiste en integrar a personas de diversas culturas y religiones. Ante esta ola de refugiados, la tarea es ímproba, pero aislando y rechazando más bien perdemos. Comprendamos la presencia de la cultura judía como un enriquecimiento”.

Para ver el álbum de imágenes de ambos conciertos pueden ingresar a https://www.facebook.com/media/set/?set=a.997059463695213.1073741852.162111843856650&type=3