domingo, 21 de febrero de 2016

Reconocernos humanamente afines a pesar de las diferencias


"Un rechazo instintivo y su contrapunto seductor, un primer contacto erizado de hostilidad, rivalidades, discrepancias y oposiciones con las que nos veíamos, en medio de la contienda, tentados a observar, explorar, comparar los grados, las sutilezas de la diversidad. Tan diferentes y al mismo tiempo tan la misma cosa, bastaba con que nos atreviéramos a examinarnos y examinarlos con un poco más de detenimiento, bastaba con que nos tomáramos el trabajo de observarlos más de cerca para llegar a derribar la triple muralla de piedra de los prejuicios, para renunciar a las opiniones de que éramos esclavos, para despejar los engaños con que era ofensivamente rebajada nuestra condición de seres libres y pensantes (se es libre porque se piensa, se piensa porque se es libre) y así llegar a descubrir al fin, a pesar del caos y la brutal discordia que reinaban en todas partes, a pesar de las razas, de las naciones, de las creencias, de las sectas, de las clases, de los trabajos y profesiones, en cada tú el mismo, el mismísimo yo necesitado de inocencia, de cordura y de perdón".

© Victoria de Stefano, Historias de la marcha a pie (El Otro El Mismo, 2005)

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