jueves, 11 de febrero de 2016

Embajador Silvio Mignano: “Todos fuimos víctimas”



"Cruzamos, a la mitad del siglo pasado, tiempos oscuros, tiempos en los cuales el lema Homo homini lupus se hizo tan cruel y real que los lobos, las fieras, habrían empalidecido y se habrían ofendido por la comparación con el género humano. Vimos pasar esos tiempos congelados, aterrorizados, inmóviles y enmudecidos dentro de escondites, tras las rejas, los árboles, los huecos entre tablas de una barraca o de una prisión, esperando que nadie se percatara de nuestra existencia, esperando borrar nuestra existencia por el terror que ella sola, con su consistencia de sombra, de esqueleto, de aire, pudiera traicionarnos y hacernos víctimas del Holocausto. Esperando que así, invisibles, pudiéramos cruzar ese tiempo de fieras y dejar que hubiera terminado.

Todos fuimos víctimas; algunos, sin embargo, fuimos también pávidos cómplices o atroces culpables. En ese tiempo, el silencio ya era pasivo, el silencio significaba negar la ayuda a quien la andaba buscando, sin contar ya con la fuerza de su propia voz.

Así se perdieron amores, pasiones, genio; también se perdió la vida de cada día, la pequeña felicidad que es derecho de todos. Se perdió un patrimonio de experiencias y memorias, de deseos y pensamientos. Nunca más podríamos reconstruir estos mundos interiores, el dibujo de los recuerdos, el encaje de las sensaciones. Por siempre quedaron perdidos, por siempre son un universo que añoramos, por siempre quedaron como la nostalgia de unas riqueza que nosotros, pávidos o crueles, callados o violentos, cancelamos.

Luego vino un tiempo en el cual unos hombres más valientes que otros, más honestos que otros, más nobles que otros, se alzaron y lucharon. Lucharon contra la bestia, lucharon contra la imposible pero real infamia que estaba ocurriendo, lucharon para derrotar la bestia y liberar a sus víctimas, para salvar a las almas inocentes que aún se pudieran rescatar, y para rescatar, guardar y celebrar la memoria de los que ya no se podían salvar. Llegó el tiempo de la lucha, del renacimiento de la Humanidad.

Finalmente llegó el tiempo en el cual los hombres, ya no lobos, pudieron reconstruir la mutua confianza, pudieron redescubrir el hecho de ser hermanos, hijos y padres, ser todos brotes de una misma vegetación hermosa, de las plantas que conforman con sus múltiples formas el jardín del género humano. Pudieron reconocer en los rostros de los otros, en sus facciones, en sus ojos, en la curva de sus labios, a sí mismos. Reconocer su propia existencia en el otro. Reconocer la belleza de no ser puros, de ser irremediable y felizmente mestizos.

Aprendimos nuevamente a saborear la música, a tocar los colores de un cuadro y las líneas de un dibujo, a escuchar las palabras de una narración o los versos de una poesía.

Sin embargo, también supimos entonces que ninguna certeza es eterna si no la defendemos, que ninguna vida es salva si no la guardamos, que ninguna atrocidad es irrepetible si no rescatamos la memoria. Supimos –y sabemos– que la memoria es la fuerza más suave y, a la vez, más poderosa que el hombre puede recibir, y que la memoria es un lugar donde es bello habitar, es la patria común. Esta patria común, hoy en día, esta noche, es lo que nos comprometemos todos juntos a proteger.

Supimos, y sabemos hoy en día, que la memoria tiene palabras y notas, que es música y canto, y en esta música y en este canto vivirán los que sobrevivieron y los que se perdieron, vivirán por siempre libres los que aman".


Excelentísimo Sr. Silvio Mignano
Embajador de Italia en Venezuela
Palabras pronunciadas en el marco de In memoriam 2016
Miércoles 27 de enero de 2016

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