miércoles, 10 de diciembre de 2014

Coexistencia y diversidad: un apunte sobre el estilo en la naturaleza, a cargo del escritor modernista Manuel Díaz Rodríguez



“Ignoro si se elevarán alguna vez a la conciencia de su estilo, o si se elevarán apenas a una subconciencia más o menos oscura; pero sí sé que el pájaro, el árbol y todos los seres hallan también su estilo.

Hállanlo, y con divina ingenuidad lo expresan al hallarlo, el bucare, el mango y la palmera; y supongo que el bucare porque dé con su estilo no ha de creerse mejor o peor que los otro, ni tampoco ninguno de los otros debe creerse mejor o peor que el bucare. Cada uno da su expresión y estilo sin importársele nada de los demás: la palmera su euritmia y esbeltez que la hacen paradigma y blasón de arquitectura; el mango su follaje, sus hojas nuevecitas de leonado terciopelo, y su carga de frutos en que son claros nuncios de la miel todos los matices del verde, el gualda y el rosa; y por último, el bucare, aunque de cuerpo lleno de feos verrugones, irregular, inarmónico y desgarbado, no es menos que la palmera, y, aunque no críe fruto, no es menos que el mango, ni tampoco es más que ellos porque dé vida al café y el café nos la dé a nosotros, ni porque sus flores de púrpura lo vistan con rico paludamente como a u imperator cercado de sus legiones cuando se alza en el centro del cafetal, o abandonado más bien de las mismas cuando surge arrogante y solitario en el centro del barbecho. Y así como pasa con los árboles, pasa con los pájaros e insectos, con todos los seres minúsculos de gracia y armonía, que son y hacen en la naturaleza lo que son y hacen las palabras más puras en la lengua del hombre. El grillo tiene como el ruiseñor su expresión y su estilo. El uno tiene su violín, si el otro su flauta; y uno a otro no se envidian, aunque se bañen y den serenata los dos en el mismo claro de luna. El grillo no estorba al ruiseñor, ni el son de su violín estridente cubre aquella voz como de flauta que estuviera encantada en la copa del sauce, del ciprés o la encina”.

©Manuel Díaz Rodríguez, Camino de perfección (1911)

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