viernes, 30 de noviembre de 2012

Palabras de Ildemaro Torres con ocasión del Concierto In Memoriam 2012, en la Asociación Cultural Humboldt



El 1º de noviembre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 60/7 en la que designó el 27 de enero como “Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto”. La fecha fue elegida porque ese día, en el año 1945, fue liberado Auschwitz-Birkenau, el mayor campo de exterminio nazi. Esta Resolución insta además a los Estados Miembros a elaborar programas educativos que inculquen a las generaciones futuras las enseñanzas del Holocausto, para prevenir actos de genocidio; rechaza toda negación de ese hecho histórico y condena las manifestaciones de intolerancia religiosa, incitación, acoso o violencia contra personas o comunidades sobre la base de su origen étnico o sus creencias.

Oí hablar de exterminio, sacrificios y holocausto, por primera vez, en el liceo, cuando comenzamos en las clases de latín y raíces griegas a adentrarnos en el significado de las palabras. Años después me reencontré con tales términos, en un contexto en el que calificaban experiencias padecidas por determinados pueblos. En 1959 una delegación de Polonia llevó al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes celebrado en Viena, y allí repartió, un folleto con textos y fotografías que mostraban escenas de los campos de concentración y daban cuenta de los crímenes nazis; la primera reacción fue de objeción a tal distribución en medio de la alegre atmósfera del Festival, y la respuesta de los jóvenes polacos, determinante y convincente, fue que precisamente a nombre de esa alegría y de esa posibilidad de celebrar juntos, era importante recordar esos hechos bestiales, como forma de asegurar que no lleguen a repetirse, y por creer que el silencio abona el terreno para el olvido y éste para la repetición.

Con la mención de la Segunda Guerra Mundial, pensamos en tantos seres humanos de distintos países que vieron sus ciudades destruidas y pagaron con su vida la locura delirante del führer.

Sigue siendo una terrible constatación la de que grandes núcleos humanos pueden ser conducidos a una conducta irracional, en respuesta a un anatema lanzado por un líder consumido en un fanatismo religioso, político o racial. En Irán un ayatolá condenó a muerte a un escritor por considerar que una novela de éste "no reconoce que el Islam es la única religión verdadera en el mundo", y eso bastó para lanzar a millones de personas a la caza de dicho autor para matarlo por blasfemo.

El pueblo judío, de excelsa dignidad a lo largo de su historia, ha sido siempre y desde siempre amante y cultivador de la música, y aun padeciendo las criminales circunstancias a que fueron sometidos, nunca renunciaron a ella y menos al deseo de interpretarla, hasta llegar a conformar una orquesta de varios violines con quienes al ser hechos prisioneros se llevaron con ellos su pequeño instrumento; así sucedió en Theresienstadt, ciudad en la cual la Gestapo estableció en 1940 un ghetto amurallado al que cínicamente identificaban como colonia judía modelo, campo de concentración transferido por los alemanes a la Cruz Roja en 1945; y en el año 2007, por iniciativa de la mezzosoprano Anne Sofre Von Otter fue hecho público un disco con obras de compositores judíos creadas durante su permanencia en ese lugar.

Aquiles Nazoa en su Historia de la Música contada por un Oyente, narra el camino recorrido por ella y su evolución como parte fundamental de la presencia humana en este planeta. Considera que no todas las creaciones del hombre facilitan un discernimiento para explicarlas, así la creación musical, que lo lleva a preguntarse ¿Por qué hace música el hombre? ¿Qué necesidades o qué emociones lo impulsaron a manifestarse en la expresión musical? ¿De qué parte o de cuál mecanismo de su ser le sale al hombre la música?

Nos cuenta el mismo poeta que la música, en sus orígenes, se asocia a la necesidad de comu­nicación entre los seres humanos, y en tal sentido es seguramente ante­rior a la palabra; además de que a la vez que inventaba la música, el hombre se descubrió a sí mismo como el primero de sus instrumentos musicales.

Ha sido maravilloso este estar juntos Mozarteum Caracas, Espacio Anna Frank y Asociación Cultural Humboldt. Hoy está aquí Elizabeth Marichal, y le agradecemos cuanto ha hecho para que este concierto tenga lugar. A sabiendas del entrañable amor judío por la música, nos ha conmovido profundamente el acierto de la Escuela de Música Mozarteum Caracas al recordar la nefasta fecha del Holocausto rindiéndole homenaje a las víctimas de aquel hecho, con este concierto de tan alta calidad estructural y cuidada selección de las piezas a interpretar y sus respectivos ejecutantes, y con la fiel mención de sus autores; así como el lucimiento del Ensamble de Cuerdas dirigido por Richard Biaggini.

La Asociación Cultural Humboldt, saludada en la persona de su distinguida Directora Cristina Neufeld, representa un ente de especial significación, así como una constante en nuestros pensamientos y en nuestro quehacer humanístico; la vemos y la sentimos como la casa de todos nosotros, conocida y reconocida en la generosidad con que siempre nos abre sus puertas y en la calidez con que nos alberga a quienes acudimos a ella.

A su vez nuestro Espacio Anna Frank es una institución que promueve la aspiración legítima de todos los seres humanos, de convivir en libertad y en armonía. Compartimos la historia, los valores y la diversidad cultural judías, y propiciamos el acercamiento con otros sectores de la vida nacional en aras de la comprensión, la solidaridad y el respeto a las diferencias. Asimismo fomentamos toda actividad comprendida dentro del ámbito intelectual y cultural, que estimule el espíritu de tolerancia y la responsabilidad social.

Es necesario detener la carrera armamentista que obsesiona a muchos gobernantes, y la aplicación del conocimiento científico como elemento de apoyo en la instrumentación del genocidio tecnológico.

Es una sentida aspiración que desarrollemos en el mundo una Cultura de la Paz, en la que sea un valor irrenunciable el derecho a una vida sin la sombra amenazante de la guerra; y urgente la necesidad de estructurar un proyecto conducente a acciones socialmente trascendentes.

Ansiamos la paz, pero no entendida simplemente como la ausencia de conflictos bélicos, sino también como un resultado que emana de la justa satisfacción de todas las aspiraciones, profundamente sentidas, que en esencia constituyen los llamados Derechos Humanos.

Nos emociona que esta conmemoración en homenaje a las víctimas del Holocausto incluya este concierto, por responder a nuestra convicción de que la música ennoblece aún más el recuerdo y porque pensando y sintiendo en futuro tiene sentido exaltar en su significado la sensibilidad y la creatividad, como valores esenciales de la condición humana.

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