viernes, 9 de marzo de 2012

Anna Frank, de la inocencia a la inmortalidad (por Ángel Perozo)


En las páginas del diario se narra el desarrollo intelectual y físico de una adolescente, la variedad de sus problemas, estudios y diversiones a pesar de su reclusión, sus relaciones y juicios sobre sus familiares y compañeros de aislamiento y sobre los hombres en general
 
Ana Frank (Frankfurt, 1929 - campo de concentración de Bergen-Belsen, Alemania, 1945), fue una joven de origen judío que dejó testimonio en un famoso diario de los dos años que vivió oculta con su familia para escapar al exterminio nazi.

Hija de una familia germana de origen judío, se trasladó con los suyos a los Países Bajos con la llegada de Hitler al poder en 1933. Durante la Segunda Guerra Mundial, después de la invasión alemana de Holanda en 1940 y de padecer las primeras consecuencias de las leyes antisemitas, Ana y su familia consiguieron escondrijo en unas habitaciones traseras, abandonadas y aisladas, de un edificio de oficinas de Ámsterdam, donde permanecieron ocultos desde 1942 hasta 1944, cuando fueron descubiertos por la Gestapo.

Esta valiente joven llevó un diario de ese período de reclusión, que su padre, único superviviente de la familia, dio a conocer acabada la guerra, después de que Ana y el resto de la familia hubieran sido detenidos y confinados en un campo de exterminio, en donde murieron.



En el diario, Ana Frank imagina que escribe a Kitty, una amiga hipotética, para contarle las peripecias de su vida en el escondrijo donde vivió desde el 14 de junio de 1942 al 4 de agosto de 1944, cuando la Gestapo descubrió la “dependencia secreta” en la que vivían la familia Frank, la familia Van Daan y el dentista Dussel, con la vana esperanza de escapar a la captura de los nazis.

Ana cuenta la vida en aquellos pocos metros cuadrados del refugio en que la convivencia de ocho personas, arrancadas de la vida normal, planteaba tantos y tan delicados problemas, y narra el desarrollo de la existencia cotidiana con tal sencillez, fuerza y verdad, que ello constituye el primer encanto de estas páginas.

En las páginas del diario, a menudo alegres y divertidas, asistimos al desarrollo intelectual y físico de una adolescente, a la variedad de sus problemas, de sus estudios y diversiones a pesar de su reclusión, a sus relaciones y a sus juicios sobre sus familiares y compañeros de aislamiento y sobre los hombres en general.

Para conocer la visión sociológica del impacto del Diario de Ana Frank, pulsamos la opinión del profesor Manuel Barreto, director de Relaciones Interinstitucionales de la Universidad de Carabobo.

Ángel Perozo: A su juicio… ¿Cuál es el impacto histórico del Diario de Ana Frank?
Manuel Barreto: El Diario de Ana Frank representa, sin lugar a dudas –y a pesar del perverso empeño de empecinados antisemitas que se han dedicado a presentarlo como “un montaje” más del sionismo– el personaje histórico más relevante para mantener vigente esa tragedia de la humanidad entera, engendrada en las diabólicas mentes de seres que se consideraron superiores. Resulta una herida que no termina de cicatrizarse, no solo por las remembranzas que afloran con los “memoriales”, exposiciones, conferencias, películas, sino por la absurda insistencia en destruir al judío… hecho que aún persiste.

Luego de diversos estudios al respecto, me percaté que la divulgación del holocausto no podía ser cosa solo de los judíos, que era necesario impedir el silencio o el olvido, y que TODOS debíamos estar pendientes que esta barbarie no se repitiese más nunca, contra NINGÚN pueblo. Estos horrendos episodios de la humanidad no deben tan solo enmarcarse en la narrativa histórica, puesto que traspasan los límites de la irracionalidad del hombre como ser social. Acá la perspectiva se dio como “la solución final” o el crimen sistemático como organización de todo un Estado. Recordemos que el aparato burocrático del partido nacionalsocialista, sus organizaciones profesionales y culturales, el ejército y las fuerzas armadas, el potencial económico de las empresas alemanas se unieron para constituir la organización de toda una Nación, o Estado totalitario.

AP: ¿Qué aportes sigue dando el contenido de este Diario a la Humanidad?
MB: Hace unos tres años se desató una seria polémica que pretendía poner en tela de juicio la autenticidad del Diario de Ana Frank (David Irving), el exprofesor de la Universidad de Lyon (Francia), Robert Faurisson, en cuya defensa salió Noam Chomsky, y el estudioso austriaco nacionalizado sueco, Ditlieb Federer). Argumentaban, entre otras cosas, que lo había escrito su padre, obviando que el diario fue sometido a diversas traducciones, transcripciones y arreglos, antes de su publicación. Fue tal la discusión que la venta del “Diario” se colocó de nuevo en los primeros lugares de este testimonio único en su género sobre el horror y la barbarie nazi, y sobre los sentimientos y experiencias de la propia Ana y sus familiares.

Considero que este ícono es un notable aporte que sirve como punto de partida al conocimiento de la verdad de nuestra civilizada humanidad, y cómo fue posible el terrible hecho, que de una de las naciones puntales de tal civilización, de donde surgieron tres hombres que cambiaron el rumbo de la historia, los tres judíos –Marx, Freud y Einstein–, se llegase a tal grado de barbarie. Tengamos presente las palabras de Benedicto XVI, en su visita a Auschwitz, en el año 2006: … “Soy el hijo de aquel pueblo en el que un grupo de criminales alcanzó el poder mediante falsas promesas, en nombre de perspectivas de grandeza y de recuperación del honor de la nación y su relevancia”.

AP: ¿Lo narrado por Ana Frank en su diario puede ser considerado como un símbolo de lucha juvenil por la injusticia en el mundo?
MB: El momento en el cual Ana ingresa a la adolescencia y a la buhardilla que será su nuevo hogar, es un momento signado por la persecución, el totalitarismo y el horror, absurdo y distorsionado, pero incluso allí ella esperaría vanamente, en medio de lágrimas y risas, una esperanza que no llegó. Ana Frank, a través de su “Diario”, ha sido un tema sempiterno de estudio en los distintos niveles de la educación y ejemplo de la lucha juvenil y estudiantil por los derechos humanos; al haber sufrido en carne propia el totalitarismo, el terrorismo de estado, la exclusión social, por parte de grupos minoritarios.

Aprovecho una pregunta tan puntual para argumentar a favor de la nación alemana y de los movimientos estudiantiles y juveniles. Es necesario destacar el hecho histórico de “La Rosa Blanca”, grupo de resistencia contra el nazismo que utilizó su mejor arma, la palabra, para intentar abrir los ojos a la sociedad alemana sobre la barbarie del régimen nacionalsocialista; en seis octavillas lo denunciaban claramente, tomando posiciones contra las deportaciones de los judíos. Tres de ellos fueron decapitados el 22 de febrero de 1943 en la cárcel de Munich; otros dos fueron ejecutados el 13 de julio del mismo año; el último de ellos, el 12 de octubre. De los seis, cinco eran jóvenes estudiantes, de entre 20 y 25 años, y el sexto, uno de sus profesores.

Una exposición itinerante
Desde el 24 de octubre de 2008, la embajada del Reino Unido de los países bajos, en colaboración con el Espacio Anna Frank y la Fundación Anna Frank, presentan la exposición que fue creada en 1996. La obra llegará a Valencia gracias a la Dirección de Relaciones Interinstitucionales de la Universidad de Carabobo, y está previsto que sea presentada entre el 23 y 28 de abril, en la Galería Braulio Salazar.

Se trata de una propuesta expositiva en la que se relata en textos y fotografías tomadas, mayormente por su padre, Otto Frank, su vida diaria, la vida de su familia, imágenes del escondite, cuando arreció la persecución nazi y su permanencia en los campos de concentración, más los escritos fundamentales que quedaron registrados en su diario.

Esta última exposición fue visitada en el período entre 1985-1995 por más de 6.4 millones de personas y fue expuesta en más de 560 ciudades de 30 países en dos idiomas (español e inglés) y esencialmente dirigida entre los jóvenes y estudiantes desde los 9 años de edad. Tiene como finalidad estimular a los visitantes a reflexionar sobre valores fundamentales como el respeto mutuo, la tolerancia y la no discriminación, bajo la mirada y el retrato histórico de Anna Frank y su familia.

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