miércoles, 9 de noviembre de 2011

Adiós a Isaac Chocrón

Isaac Chocrón 
por Leonardo Padrón

Foto: Andreína Mujica

Esta maravillosa entrevista pertenece a la serie "Los Imposibles", realizada por Leonardo Padrón en el año 2007. La reproducimos por cortesía de Prodavinci. Y pueden escucharse a viva voz en Onda

POSTAL
No sé si se lo escuché en una entrevista o si lo leí en una de sus obras, pero Isaac Chocrón (Maracay, Venezuela, 1933) dejó deslizar en nuestros oídos una idea de honestísima belleza: “Siempre tenemos dos familias, con la que se nace y la que se hace, aquella que elegimos, la familia elegida”. Y decimos, Isaac Chocrón no ha dejado de elegir en la vida. Eligió el teatro, quizás porque como diría Oscar Wilde, “es inmensamente más real que la vida”; eligió su propia manera de ejercer el amor, eligió renunciar a una carrera académica para casarse con su propia imaginación; eligió la escritura como oxigeno de sus pulmones, pero sobre todo, eligió no traicionarse jamás. Desde entonces, desde ese siempre, Isaac Chocrón no ha dejado de provocarnos y atraparnos con sus más de 20 obras de teatro, sus 7 novelas y sus 5 libros de ensayo. Podríamos hablar también de esa forma en que se ha relacionado con el país, siendo director de la Compañía Nacional de Teatro, del Teatro Teresa Carreño y de la Escuela de Artes en la UCV. Pero la huella de su talento trasciende las notas de un currículum. Quizás su mejor obra es su manera de estar en el mundo, el énfasis de su corazón, esa implacable sonrisa que desconcierta a cualquier mala noticia o cualquier invierno fuera de fecha. Alguna vez  Mario Vargas Llosa dijo que toda novela es un testimonio cifrado, una representación del mundo, pero de un mundo al que el novelista ha añadido algo: su resentimiento, su nostalgia, su crítica. Creemos que en el caso de Isaac Chocrón, él no dejó nada guardado, él eligió añadir su vida entera, todo el pulso de su sangre, toda la temperatura de sus pasiones. Por eso, hoy nos acercaremos al universo de uno de los escritores más entrañables de este país. Alguien imposible de no entrevistar y no celebrar.
IC: Me encantaría conocer a Isaac Chocrón tal y como tú lo acabas de describir. Yo quiero que me des copia de ese retrato para mandárselo a los del Diccionario Larousse, que me incluyen en las últimas ediciones, pero jamás tan bien como está dicho ahí.
Bueno, a ese Isaac Chocrón lo vamos a conocer ahora.
Ah, con mucho gusto. A mí siempre me gusta conocer gente nueva.

TERCAMENTE ARTISTA
Quizás muchos no lo saben, pero Isaac Chocrón, el dramaturgo, el novelista, es economista y hasta hizo su Maestría, su Doctorado, y la ejerció durante once largos años. Entonces, Isaac, la primera pregunta que se nos impone es ¿Cómo fue que siendo economista, decidiste quemar las naves y arrojarte por completo al oficio de la escritura? ¿Qué pasó dentro Isaac Chocrón para tomar esa decisión?
Desde que tengo uso de conciencia, y eso me lo decía siempre mi familia heredada, con quien vivía, lo único que a mí me interesaba, me atraía, era escribir. Cuando fui a la escuela primaria, en la famosa Experimental Venezuela, donde no solamente estaba Román Chalbaud, como mi condiscípulo, sino Vicente Nebreda, los dos hermanos Petkoff y tantos otros, era una escuela que entusiasmaba mucho a los alumnos con la cosa artística. Román y yo éramos las estrellas de los actos de fin de curso. Por lo general yo escribía las cosas y él las dirigía. La profesora Steffi Stahl montaba todos los años Guaicaipuro y Vicente Nebreda lo bailaba.
O sea, que ya todos ustedes tenían muy clara su vocación ¿no?
Sí, como Román con su estupendo sentido del humor lo ha dicho muchas veces, a nosotros nos educaron para ser estrellas desde la escuela primaria. Después, fui al Colegio América los tres primeros años de Bachillerato y, creo que en el primero o en el segundo año, inventaron un concurso de cuentos con seudónimos. El premio que daban era un libro de arte. Yo mandé un cuento y gané. Seguí mandando y, no me acuerdo si en el séptimo o en el octavo mes, escribí todo un cuento en femenino, con seudónimo en femenino porque me daba pena, y también me lo gané…y suspendieron el concurso.
¿Suspendieron el concurso?
Bueno, no lo hicieron más.
¿Acaso pensaron que el jurado estaba…?
No, siempre fueron diferentes jurados. Eso me dio mucha confianza.
¿Pero entonces por qué estudiaste Economía?
Porque yo vengo de una familia judía burguesa y a mi papá le daba terror pensar que yo me fuera a morir de hambre siendo escritor. Y pensaba que yo debía tener una profesión. Entré a la Universidad de Siracusa y el primer año, aunque era un ciclo básico, yo ya pensaba en estudiar Literatura Comparativa. En esa época teníamos un apartamento en Central Park West y yo puse esa dirección para que me mandaran las calificaciones allí y no a Caracas y así papá no se enterara. Por cierto que ese sitio quedaba a dos cuadras de donde viviría John Lennon mucho después. Bueno, en las vacaciones de verano, cuando llegué a Caracas después de ese primer año, me encontré a papá con una cara largota y me dijo, “Recibí las calificaciones. O te pones a estudiar algo que te dé un empleo cuando te gradúes, o te quedas aquí y veremos qué haces, porque yo no quiero que te vayas a morir de hambre cuando me muera”. Tenía amigos que habían empezado a estudiar Economía y me divertía mucho oírlos… Además, yo lo que quería era volver a la Universidad de Siracusa, así que le dije “no, yo voy a estudiar Economía”. Lo que pasó en ese primer año en Siracusa fue que me convertí en el Director de una revista literaria que se llamaba Dilema, y al mismo tiempo estaba en el grupo de teatro y quería seguir haciendo todas esas cosas. Y me fue muy bien en Economía.
¿Incluso?
Sí, porque, fíjate, me raspaban siempre en Estadística y en Matemáticas, pero descubrí que la Economía puede ser muy creativa. Por ejemplo, una de las fases de la Economía, que fue en la que yo me distinguí mucho en la Corporación Venezolana de Fomento, es  cuando te encuentras con empresas que están en dificultades y les sugiere maneras de solucionarlas para ser prósperas…Y eso era una cosa creativa. No necesito ser Contable, porque para eso están los contables. Que me muestren las cifras que yo sé interpretarlas. Eso me hizo mucho bien cuando fui director de la Compañía Nacional de Teatro y del Teatro Teresa Carreño…
Te ayudó a gerenciar el dinero.
Sí, porque los directores de administración, o los gerentes, sabían que a mí no me podían venir con cuentos porque yo entendía como era el debe y el haber.
UN ESCRITOR ES UN VOYEUR
Resulta evidente que el principal tema de tu obra, estamos hablando además no solamente de tu obra narrativa, sino incluso de tu dramaturgia, eres tú mismo. ¿Por qué te elegiste a ti mismo como tema? ¿No podrías pensar que eso puede sonar quizás demasiado egocéntrico, o que le das demasiada importancia a tu propia vida?
Supongo que porque para mí escribir es un apostolado. Como es lo único que me ha interesado…
Pero tú puedes escribir de muchos temas.
Bueno, sí he escrito… Simón. La obra Simón que uno pensaría que es Simón Bolívar y Simón Rodríguez. Cuando se estrenó y tuvo un éxito descomunal, los alumnos de la Universidad decían que ellos eran todos Simón Bolívar y yo era Simón Rodríguez, porque Simón Rodríguez era igualito a mí.
O sea, que de alguna manera había una proyección de ti en el personaje de Simón Rodríguez ¿no?
Si. Pero no sé…no sé. Yo cuando no sé prefiero decir “No sé”.
Eso suena muy honesto. Hay gente que de tanto entregarse al mundo de la lectura y de la escritura se le olvida vivir, se le olvida respirar la calle, la intemperie, la gente real ¿Cuál ha sido tu caso?
No es ese mi caso porque para poder escribir tengo que enredarme. A mí me parece que lo más importante es tener una curiosidad total por el mundo que lo rodea a uno y tener sentido del humor. No hacer tragedias ni dramas, sino buscarle la parte humorística a las cosas, la ocurrencia.
Tú no has perdido todavía ni la curiosidad ni el sentido del humor.
No. Yo conozco gente muy joven que parecen viejos, porque no tienen la curiosidad ni el sentido del humor. O peor aún, ese tipo de gente que cuenta chistes. A mí me parece que lo más triste del mundo es contar chistes del gordo y el flaco. Tener sentido del humor es que a uno se le ocurran barbaridades y las diga.
Ser ingenioso.
Por ejemplo, cuando voy a restaurantes con amigos, especialmente amigos que me conocen mucho, se molestan porque si en la mesa de al lado está una pareja discutiendo y noto que hay un drama, entonces empiezo a moverme para ese lado, no les hablo a los que están conmigo, sino que estoy oyendo el zaperoco que están armando al lado.
Porque todo escritor en el fondo es un espía de los demás ¿no?
Si. Un voyeur.

EL ESPIRITU SANTO DEL TEATRO
En Venezuela se habla de la Santísima Trinidad del teatro venezolano…
Fue a Lorenzo Batallán a quien se le ocurrió decirnos así.
Esa Santísima Trinidad estaba conformado por tres C: Cabrujas, Chalbaud y Chocrón ¿Por qué llegaron ustedes a adquirir ese apelativo tan celestial?
Probablemente porque los tres éramos las tres cabezas del Nuevo Grupo. José Ignacio y yo siempre discutíamos porque según él, yo era el padre, Román el hijo y él era el Espíritu Santo. Y yo le decía que no, que él era el padre, Román el hijo y yo el Espíritu Santo.
Todos se peleaban por ser el Espíritu Santo.
En los últimos cinco o seis años de la vida de José Ignacio fuimos muy íntimos y un día no sé por qué, me dijo “No, tú tuviste razón. Tú eres el Espíritu Santo”. Y yo le dije “porque soy judío”. Yo no puedo ser Padre ni Hijo.
Hablando de eso, hay gente que dice que de los tres, tú siempre has sido el más exquisito, el más refinado…
El más burgués.
Lo dijiste tú.
Alguna vez tiene que volver a existir la burguesía, porque yo no le veo nada malo. Todo el arte occidental ha sido hecho por hijos de burgueses.
Pero justamente por eso también hay gente que ha dicho que de los tres tú has sido el menos conectado, a través de tu obra, con el hombre de la calle, con el venezolano de a pie. Que quizás tu obra tiene conexiones con otro ámbito de la condición humana…
Es verdad. No lo niego. Pero es que yo escribo de lo que sé, de lo que veo y de lo que vivo… Es verdad, pero he tenido la ventaja de que mi obra, por eso, se monta tanto en el extranjero. Se  monta más en el extranjero que aquí.
¿Porque quizás tiene una dimensión más universal?
Por ejemplo este año, por tercera o cuarta vez, se va a montar en Madrid y en México, mi obra OK.
Que fue tu primera obra de teatro ¿no es así?
Sí, gracias a OK dejé la Economía. Yo estaba de Secretario del Ministro de Hacienda, de Francisco Mendoza, durante el último año de Raúl Leoni y se estrenó OK. La obra tuvo 1.400 funciones en el Alberto de Paz y Mateos, durante seis meses y medio. Era la época en que se hacían ocho funciones semanales, doble función sábado y doble domingo, y de martes a domingo. En esos meses pasaron por aquí diferentes personas y se la llevaron. Ese año se montó en Madrid, en Buenos Aires, en México, en Montevideo. Fue traducida al inglés, al francés y al alemán y yo recibía unos derechos de autor increíbles en esa época: 3 mil 500 dólares.
Y ahí fue que tú dijiste “OK,  ahora dejo la Economía”.
Fue una maravilla, porque el primero que me dijo que lo hiciera fue mi papá. Rafael Caldera ganó las elecciones y nombró a Pedro Tinoco Ministro de Hacienda, y entonces Francisco Mendoza me dijo “Tenemos que ir a desayunar mañana con Pedro Tinoco porque te quiere pedir que sigas como Jefe de Gabinete”. Fue muy lindo, muy hermoso lo de Tinoco, porque yo le dije, “No, mire, mi situación es ésta”. Y entonces  me dijo, “No, no, yo estoy de acuerdo contigo. Vete y escribe”.

UN PADRE Y VEINTE HIJOS
Isaac, de todas las obras que has hecho, estamos hablando de 20 obras de teatro ¿cuál es la que te ha otorgado más satisfacciones? No te hablo de la más vista, sino con la que estás más feliz en términos de dramaturgia, la que sientes más lograda.
Lo que estoy escribiendo ahora.
Eso es trampa. Es demasiado típico.
No. Fíjate lo que pasa… Escribir, sea teatro o sea novela, en cierta forma es como tener un hijo, con la diferencia de que las personas que tienen hijos no quieren que se alejen de ellos y todo el tiempo están encima.
Son posesivos.
Y dominantes. Mientras que yo no. Cuando saco una obra al mundo, ella que se defienda. Y al mismo tiempo, no hay padre más afortunado que yo, porque todos los padres tienen que mantener a los hijos hasta no sé cuándo y es raro el hijo que mantiene al padre. Mientras que mis hijos…
Tus veinte hijos te mantienen.
No se quedan ni con un centavo. Todo me lo mandan.
Hablemos de una novela como Cincuenta Vacas Gordas, que fue un verdadero éxito de ventas… ¿Por qué crees que tuvo tanto éxito?
Yo llegué a pensar que fue porque las mujeres se volvieron locas por la novela.
¿Por qué dices que se volvieron locas?
Bueno, la protagonista es una mujer, pero una mujer muy de avanzada en ese momento en sus criterios. Se llama Cincuenta Vacas Gordas porque sucede en el año de la  nacionalización del petróleo y no se sabía qué iba a pasar. Lo que pasa con esto es que hay unos hijos más favorecidos que otros, pero no por mí, sino por el mundo.
Por sus lectores, por supuesto.
Sí, ellos son quienes deciden.
¿Isaac Chocrón, como novelista, se siente leído y respetado por los otros  novelistas venezolanos?
Yo supongo que sí, porque yo los respeto a ellos. No sé. Que yo sepa, no ha habido escritos adversos a lo que yo hago. Al mismo tiempo, tampoco a lo mejor otros novelistas han escrito maravillas de mí. Pero los novelistas no escriben maravillas de los otros novelistas, son los críticos. Y yo he tenido mucha suerte con la crítica.
Estudiar el fracaso en uno mismo a veces es más sano y más alimenticio que regodearse en los éxitos. No sé si opinas lo mismo. Pero en todo caso, me gustaría que nos hablaras de algunas obras o novelas que no te hayan funcionado. De esos hijos que no han sido tan favorecidos.
Tengo una pieza de teatro que se llama Alfabeto para Analfabetos, que cuando la escribí, en medio del Teatro del Absurdo, y José Ignacio y yo la dirigimos a cuatro manos, no le fue bien en la temporada. Pasaron varios años y entonces a este director español, Víctor Catena, de pronto le gustó mucho, la montó primero en Málaga y luego empezó a tener éxito. Pero lo curioso es que ya habían pasado como 20 años y empezaron a montarla. Igual pasó con Trick track.
Pero entonces sí tuvieron éxito.
Sí. Y se siguen montando en las universidades, las dos. De modo que han tenido como un éxito tardío. Pero esa es la vida de ellas. O sea, yo no me meto.
Entiendo que tienes una rutina implacable para tu escritura…
No, implacable no, es que tengo quizás complejo de prostituta. Si no trabajo de 9 a 1 paso después todo el día malísimo.
Eso lo hace gente como Vargas Llosa y García Márquez, que tienen rutinas muy perfiladas.
Y cuando voy a empezar algo, siempre lo hago a mano porque yo soy zurdo y acuérdate que soy de teatro y estoy lleno de supersticiones… Yo creo que por la mano izquierda es que me sale todo. Entonces empiezo y escribo a mano. Y cuando ya voy agarrando la cosa me meto en la computadora. Pero si me tranco, vuelvo a escribir a mano. Si por casualidad estoy trancadísimo, no sé, escribo e-mails o lo que sea.
Hasta que te llega otra vez la conexión con el tema.
Sí. Mi día, el día a día, empieza a la una de la tarde. Por ejemplo, Sara, que tiene conmigo 41 años, me  entiende perfectamente. Me levanto a las 7 y media, bajo y me desayuno con jugo, té, pan tostado, después veo el periódico, pero la primera página, y me voy para arriba.
A escribir.
Entonces a la 1 empieza el día: leo el periódico, almuerzo, contesto las llamadas pendientes y me dedico a eso que llaman las señoras “hacer diligencias”. Esa es una de las expresiones más felices de nuestro idioma, cuando dicen “es que tengo algunas diligencias que hacer”.
Porque es una vaguedad.
Y nadie va a ser tan indiscreto para preguntar cuáles son esas diligencias. Eso no se pregunta.

EL AMOR ELEGIDO
Ya que estamos caminando por territorios personales, vamos a adentrarnos en pasillos más íntimos de tu mundo. ¿Cómo ha tratado el amor a Isaac Chocrón?
Estupendamente bien porque siempre que ha sucedido, quizás lo que  más les ha atraído a mí es mi devoción por mi trabajo. Al punto de que viéndome como yo estoy entregado a mi cosa, ellos se han entregado a cosas de ellos. Luis Salmerón es uno.
¿Y cuántas veces te has muerto de amor?
Ay no, si uno no se muere de amor, entonces no está enamorado.
¿Así lo sientes?
Sí. Total. Únicamente que no te entierran.
Eres un muerto en vida penando por ahí.
Sí, sí, sí.
¿En qué momento de tu vida descubriste cuál iba a ser tu verdadera opción sexual?
No sé.
Fue absolutamente natural.
No. Porque he tenido experiencias en ambos bandos. Entonces no sé. No sé.
Pero tú terminaste asumiendo…
En la época de estudiante yo era como un gordito muy simpaticón y muy ocurrente. Es lo que yo veo en retrospectiva. A mí se me acercaba gente que era mucho más atractiva que yo. Y todo el mundo me decía lo mismo que dijiste al principio. La famosa sonrisa que no sé por qué ni Pepsodent ni Colgate me han contratado. Pero como todo el mundo habla de mi sonrisa al punto de que Antonio Constante, en el Papel Literario, dijo que soy un seductor de culebras, de serpientes.
Un encantador de serpientes…
Un encantador de serpientes. Y nadie me quita lo bailado. Precisamente hablaba con Román Chalbaud ayer y me decía “Es que a ti ahora lo que te gusta es cariño, cariño. No te gusta más nada”.
Permíteme citar una frase tuya: “La amistad puede ser una opción al amor, o a veces más verdadero amor que el amor”. Háblanos de ese concepto.
Porque la amistad tiene unas ventajas que no tiene el amor. El amor, por supuesto, es una pasión, es una doble hipnosis y todo eso. Pero la maravilla de la amistad es, primero que nada, que cada uno vive en su casa, y que no se vive junto, que cada uno tiene sus actividades o sus ocupaciones. Entonces, en esa medida, uno oye o siente lo de los demás. A medida que avanza la amistad, uno se da cuenta de que perdura hasta el final de la vida. Lo que pasa es que uno nace dentro de una familia heredada y que le enseñan a uno a decir “Esta es tu mamá, este es tu papá, este es tu hermano…”
Tienes que quererlos…
Tienes que quererlos y a tus primos, tus tías… las tías odiosas que yo tuve que no querían que escribiera. Pero a medida que uno avanza en la vida, la familia heredada o se muere por razones biológicas, cronológicas, o se aleja…
Se va distanciando, claro. Cada quien tiene sus intereses.
Se va distanciando. Yo tengo primos que ni sé dónde están, ni qué hacen, ni nada. Pero a medida que va uno viviendo, entonces los amigos se vuelven más cercanos.
Eso es lo que tú llamas la familia elegida.
La familia elegida no se acaba nunca. Y puedes tener, todo el tiempo, nuevas familias.
Claro, se va reciclando, renovando.
Una de las cosas más cómicas es que yo tengo a varios que dicen que son mis hijos, bien sea por que son alumnos míos en la Universidad, o por el teatro o la novela. No voy a nombrarlos por temor a que me olvide de alguno de ellos. Pero ahora tengo también candidatos a hijos porque ellos saben que para ser hijos tiene que pasar el tiempo. Hay dos de ellos que sus padres biológicos le dicen a la gente “Yo soy el padre biológico de tal cual, porque el padre artístico es Isaac Chocrón”.

BANDA SONORA
AUDIO 1
Cole Porter canta la famosísima canción Anything Goes. Chocrón la reconoce al primer acorde. Y aparece su legendaria sonrisa.
Cole Porter. Divino. Si esto fuera televisión, en vez de radio, bailaría para que me vieras.
Háblame de ese ritual que tienes con esa canción. Se que la pones al final de la jornada, y bailas…
No todas las noches.
¿En qué ocasiones la pones?
Todo empezó cuando me fracturé el hombro, hace como tres años. Yo la puse una noche y de pronto le digo a Sara, “Ay, ojala yo pudiera bailar estas cosas como bailaba antes”, y entonces me dijo, “Pero trate”. Sara empezó y no sabía nada y entonces yo la empecé a enseñar a bailar, pero ya eso pasó.
Sara es tu Ama de Llaves de toda la vida.
Claro, no hay una relación marital entre Sara y yo. Es una relación  de familia elegida.

AUDIO 2.
Sara, su Ama de Llaves relata una anécdota. Aquí el resumen:
Cuando llegué al aeropuerto me lo conseguí, llegamos al apartamento y  me dice: “Sara, le tengo una sorpresa, le he hecho una cena divina”. Entonces yo le dije, “bueno doctor como ahora usted sabe cocinar, usted es el que va a cocinar y yo escribiré”. Me dijo: “No sería mala idea” y eso fue una carcajada de todo el mundo que estaba allí esperándome. Yo lo quiero a él como un hermano, como una familia, pues. A él me le pasa algo y es como si le pasara algo a alguno de mis hijos y lo mismo es él conmigo. Yo le digo: “Ay doctor, no sabe cómo le agradezco a Dios y a usted mismo haberlo conocido. Da la causalidad que el se llama Isaac y yo Sara, bueno, madre e hijo.
Ese cuento de la cena fue en Alburquerque. Ella dijo “Es bueno porque usted cocina y yo escribo”. Y entonces ella llevaba como un diario, escribía cositas. Un día me di cuenta de que lo primero que ella aprendió a decir en inglés fue “¡Aló!” y en seguida “One moment, please”. Entonces le dije: “Sara, a mí me parece que el título de su libro debe ser One moment, please. Es muy taquillero.”

AUDIO 3
El intelectual y crítico de cine Rodolfo Izaguirre:
Román Chalbaud, José Ignacio Cabrujas e Isaac Chocrón eran tres dramaturgos de primera línea. Yo era uno de los que afirmaba, por mi ímpetu izquierdoso cultural de entonces, que, de los tres, la obra que no perduraría en el tiempo, porque la calificábamos de superficial, chispeante, así como de burbuja de champaña, era la de Isaac Chocrón. Hoy que han pasado los años creo que es exactamente todo lo contrario. La obra más densa, profunda, la más reflexiva es justamente la de Isaac porque es la única que no se sujeta a las contingencias ni históricas ni políticas del país sino que profundiza en la condición humana. De modo que el que considerábamos el más superficial de todos, ha resultado ser el más denso, intenso e inteligente y el autor de mayor sensibilidad de la dramaturgia venezolana.
Primera vez que lo dice. El a mí nunca me lo ha dicho. Yo sé que él me admira y me quiere y somos hermanos, pero es que con estas dos intervenciones, más con tu introducción has logrado que me emocione mucho.

AUDIO 4
Es la voz de Mariela, su sobrina:
Tú significas la continuación de mi mamá y a través de sus ojos aprendí a quererte porque para ella, más que su hermano, eras su vida y yo sabía que ella estaba segura de que en el momento en que ella faltara, tú me seguirías acompañando en este camino que me falta por vivir, y así ha sido. He compartido toda la vida contigo, siempre juntos, tú apoyándome y protegiéndome. Espero tu llamada todas las noches para contarnos lo que hicimos en el día y hoy tenemos mucho de qué hablar. Te quiero muchísimo.
Mariela. Una de las cosas más curiosas de lo de la familia elegida es que la familia heredada se convierte en elegida.

SHAKESPEARE PARA SIEMPRE
¿Cuáles han sido las grandes referencias en tu vida artística? ¿Los autores que te han marcado profundamente?
Primero que nada, Shakespeare.
Y más allá de Shakespeare ¿quién?
Ah, y Cervantes. No solamente con Don Quijote, sino con las Novelas Ejemplares y Los Entremeses. También el teatro de Tennessee Williams, de Arthur Miller. Una de las maravillas que me pasó a mí fue que después de que terminé mis estudios en Siracusa, hice mi Maestría en Columbia. Y allí, por mero accidente, conocí a Arthur Miller, a Edward Albee, a Merce Cuningham, que tiene 86 años.
¿Pero hiciste amistad con ellos?
Sí. Hasta el sol de hoy. Arthur, por ejemplo, decía que yo era su hijo, su “latinoamerican son”. Cuando terminemos la entrevista, te muestro una foto donde salgo abrazado con ellos.
¿Cuál es para Isaac Chocrón la obra cumbre del teatro venezolano?
El Pez que Fuma, Acto Cultural y cualquiera de las mías.
Tú no sufres de falsa modestia.
No. Al contrario. Y tampoco sufro de inseguridad.
¿Cómo te la llevas con tu ego?
Pero es que si uno no es amigo de uno, no puede ser amigo de los demás. Yo soy un gran amigo mío, y me regaño y me congratulo.
¿Es verdad que una vez viste a Los Beatles tocar en la emblemática caverna de Liverpool?
Sí.
¿Cuando todavía ni sospechaban que iban a ser Los Beatles?
Claro. Yo fui a hacer mi Doctorado allá. Cuando el director del British Council en esa época fue a ver Mónica y el Florentino, mi primera obra de teatro, le gustó mucho y entonces me dijo que me podían dar una beca de dos años para estudiar teatro y dramaturgia. Y el señor Woods, nunca se me olvida el nombre por razones obvias, me dijo que ellos querían ofrecerme eso. Le respondí que me encantaría, pero que yo prefería hacer un Doctorado en Economía con el Profesor John Mars en la Universidad de Manchester, que podíamos hacer un arreglo mediante el cual yo estudiaría con el doctor Mars, y los viernes me iría a los teatros regionales para conocerlos y aprender de eso, en lugar de ir a un taller de dramaturgia. Muchos amigos me dijeron que le escribiera una carta. Era la época en que se mandaban las cartas por correo diplomático, y cuando pasó como un mes, él me llamó. Me dijo “Isaac, te quiero leer la respuesta del director del British Council, que decía: “Déle la beca inmediatamente. Si nosotros los ingleses tenemos fama de locos, este es más loco que todos  nosotros”.
Así sonaba.
Y entonces, como ese fue el arreglo, yo llegué a Londres, de allí pasé a Manchester y la primera ciudad que me quedaba a una hora de Manchester en tren era Liverpool, que tiene un teatro regional muy bueno. Un viernes, como a las 12, ellos me llevaron para los ensayos y después vi la función. Al final me dijeron, “te vamos a llevar a un sótano donde están unos muchachos que cantan muy bien”, y entonces fuimos. Eran cuatro muchachos simpatiquísimos, tanto, que después, el sábado le dije a unos amigos, “Yo quiero volverlos a ver”. Pero lo más cómico no es eso sino que pasaron muchos, muchos años y Merce Cuningham y John Cage estaban viviendo en un apartamento en el Village de Nueva York, y en un viaje mío para allá, me dijeron: “Vente a cenar mañana, esta es la dirección, y así conoces nuestro nuevo apartamento”. Yo llegué y entonces John, que tenía un estupendo sentido del humor, me dijo: “Te tenemos una sorpresa.. Una pareja”. Y yo le digo, “¿y quiénes son?”. Y cuando entramos y los ví…eran Yoko Ono y John Lennon. Merce y John Cage le habían contado de  nuestra amistad y entonces John les dijo: “Hubo una vez un venezolano que estaba estudiando en Manchester y vino a vernos cantar, pero yo no me acuerdo ni cómo se llamaba ni nada de eso”. Y era yo.
¿Qué es lo mejor que han dicho de ti?
Lo mejor es esta entrevista.
¿Y lo peor?
Ay, pues no me lo dicen en mi cara.

GALERIA DE IMPOSIBLES
Una película inolvidable.
Casablanca.
Una ciudad definitiva.
Nueva York.
Una canción.
Anything Goes by.
Un miedo.
Que cualquiera de la gente que yo quiero esté enferma.
Un libro.
¿Uno nada más? Las Obras Completas de Shakespeare porque ahí está toda la vida nuestra.
Un amigo.
No, no puedo decirlo, porque ¿cómo quedan los demás?
Un error.
Un error. Un error… Ya va… Yo soy muy torpe, debe ser porque soy zurdo, y no sé hacer ni cosas mecánicas ni nada de eso.
Una muerte.
Todas. Todas las que han ido pasando. Afortunadamente han pasado años, pero la más, más, fue la de mi hermana y mis dos sobrinos en el terremoto, porque fue la más inesperada.
Un paisaje.
El Ávila, que lo veo enfrente.
Un pecado capital.
Ahh…La lujuria.
Un héroe personal.
En estos momentos Anthony Sher, el actor australiano.
Un evento.
El terremoto.
Una comida.
Huevos fritos con arroz blanco.
Una época del mundo.
Me hubiera encantado la época isabelina de Shakespeare. Porque me parece que todos estaban llenos de vida. ¿Tú viste la película de Shakespeare in Love?
Sí.
Bueno, exacto, esa locura de todos.
Un objeto cotidianamente imprescindible.
Un whisky en la noche. Pero esto no lo escogí yo, fue el cardiólogo. Él me dijo: “Todas las noches tómate dos o tres whiskys con tres pedacitos de hielo y poca agua. Espero que a ti te guste el whisky”. Y yo le dije “Me encanta”.
Un lugar para morir.
Aquí. En Caracas.
Un venezolano.
¿Vivo o muerto?
No importa.
Ramón J. Velásquez es uno. Simón Alberto Consalvi podría ser otro.
Un jamás.
Bueno, ahora con lo de la operación de cataratas del ojo izquierdo no me voy a poder tirar del trampolín en piscinas, nadar sí, pero no todavía. Y no estoy diciendo que yo era Mark Spitz.
Elige un libro de Isaac Chocrón. Si tienes que salir corriendo y llevarte uno de tus libros ¿Cuál te llevas?
Pero es que no me van a hacer llevar nada porque yo todavía estoy escribiendo. Tú me estás tratando como si ya…
Estamos hablando de una hipótesis.
No. Mi vida no es punto y aparte ni punto final. Mi vida es punto y seguido. Mejor aún, mi vida es dos puntos.
Una frase que se parezca a lo que piensas de Venezuela.
Es un clima, como dice la protagonista de El quinto infierno.
¿Borrascoso o luminoso?
Tú escoges. Pero Miss Betsy dice -que fue una de las frases más célebres de El quinto infierno- : “Esto no es un país, esto es un clima malsano”.

POSDATA
La sonrisa de Chocrón nos invitó a conocer ciertos rincones de su hogar. Su orgullo más rutilante es una notable colección de orquídeas, de las cuales habla como si describiera a algunos personajes de sus obras teatrales. Más allá, una sucesión de helechos y una desmesura vegetal, casi prehistórica, llamada “cacho de venado”, terminan de dar cuenta de su amoroso vínculo con la señora de los verdes, la naturaleza. Un poco antes, escaleras allá, salpicando las paredes, están las fotos de sus afectos, su familia elegida. Incluso hay una donde su sonrisa se vuelve morosa: esa donde está con el legendario Arthur Miller, su colega norteamericano, en su casa de campo de Connecticut. Y una muy llamativa donde, rozando los 18 años, en plena Marruecos, viste de moro. Durante toda la ruta, cerca de nosotros, pero sobretodo cerca de él, plegada a sus huesos y su verbo, imantada, está Sara, su ama de llaves y su mejor noticia. La inefable Sara. La definitiva. Ella completa las frases, da fe de sus rutinas más delgadas, cobija sus orquídeas y, en rigor, le ha hecho más amable la estancia en el planeta desde que están juntos. Antes de irnos, la tarde nos regala una imagen al fondo de la terraza: Isaac Chocrón se recuesta del aire y le sonríe a la vida. Y la vida responde, con inevitable picardía.

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