jueves, 8 de septiembre de 2011

Coexistencia

De las formas enrevesadas 
de la coexistencia
© Liliana Lara



Quique Kierszenbaun es un fotógrafo uruguayo que suele fotografiar imágenes del conflicto israelí-palestino para diversos medios periodísticos, pero que un día decidió tomar fotos también en la escuela a la que asiste su hijo. Se trata de una escuela bilingüe de Jerusalén en la que la mitad de los estudiantes y maestros son árabes y la otra mitad judíos. Las imágenes tomadas por su cámara muestran parejas de niños o de adultos pertenecientes a ambos grupos y la única condición para tomar la foto fue que dicha pareja estuviese unida por un lazo de amistad verdadero. Las imágenes hablan por sí solas y pueden ser vistas AQUI. Esta escuela es –lamentablemente- una pequeña gota en el océano, tal como lo explica el fotógrafo. Llegué a esta página mientras escribía un artículo que me requirieron sobre mi visión como venezolana en relación a la convivencia en Israel. A pesar de escuelas bilingües y todo tipo de proyectos para fomentar la convivencia, pienso que hay murallas infranqueables. Sobre estas murallas giró el artículo que escribí en ese entonces y que puede ser leído AQUI.
Sin embargo, hoy creo que a veces la coexistencia asume formas enrevesadas. Hay voces que se hablan a través de esas murallas, voces que se necesitan, se entretejen, se reclaman, aunque esto no tenga que ver con la paz, la igualdad y toda una lista de valores positivos. Tal vez sólo tenga que ver con la vida. Una de esas voces es la de una señora palestina de origen peruano que suele llamar por teléfono desde Belén –que está situado en la autoridad Palestina- a una fábrica de gasa y demás productos hospitalarios ubicada en un pueblo de Israel que continuamente está asediado por cohetes qassam lanzados desde Gaza. Cuando la encargada de ventas se enteró de que la señora también habla español, se la pasó a mi marido, que nada tiene que ver con ventas en esa fábrica, pero que es argentino y, por tanto, comparte lengua con la compradora. La señora peruana-palestina llama desde Belén para encargar apósitos de gasa, vendas y demás. Al margen de las transacciones comerciales suelen conversar amenamente. Compartir lenguas maternas es como compartir un secreto, un origen, una historia común. Muchas veces, mientras hablan por teléfono, suena la alarma que anuncia que un cohete ha sido lanzado desde Gaza, que hay que correr hasta un refugio. Entonces mi esposo le dice que debe cortar porque está sonando la alarma y se despiden, con un poco de vergüenza. Muchas veces la gasa que llega a Belén termina en un hospital palestino y es usada para detener hemorragias causadas por ataques israelíes.
A mí me encantaría tomar fotos de historias como ésa, de esas formas enrevesadas de la coexistencia, de esas voces que se cuelan entre las ranuras de las murallas.

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