lunes, 1 de agosto de 2011

Mujeres que dicen

Delirio y destino (Fragmento)
© María Zambrano



...Lo había descubierto así: quería ser fiel a aquella desnudez en que se vio; su verdad. había cobrado horror de su imagen, pues salvo en esa imagen impalpable, donante de ligereza, que sólo algunos, muy pocos han debido lograr tener, la imagen es un maleficio; no por ser creada a nuestras expensas se nos hace visible en modo grato; la humillación que sufrimos, cuán a menudo proviene de esa imagen, pues esa imagen es la que se enfrenta en realidad con el prójimo, la que quisiéramos fuese reconocida temiéndolo también. Y hay además, la imagen que los demás arrojan sobre nosotros, su propia sombra, si no viene el amor...
Más el amor, ¿ acaso la imagen que el amor crea es la verdadera? ¿ acaso hay imagen verdadera, adecuada a la persona? No es la persona esa intangible, indestructible...mientras que toda imagen puede ser destruida y es por esencia transitoria.
Y sin embargo, no hay amor que no cree una imagen,que no se alimente de ella y no se dé al mismo tiempo como en sacrificio. Ella bien lo sabía. Una imagen esquemática, casi una cifra o un número, una imagen sumamente abstracta, pero una imagen. El amor se descubre en la abstracción que es capaz de forjar.

Porque el amor busca la identidad, la crea...y su imagen, la imagen inevitable, se hace por eso abstracta como un jeroglífico, como un signo sagrado o una cifra indescifrable; algo que entra más bien ya en el reino de lo numérico. ¿ Qué hay como el número para albergar estas dos condiciones que lo amado tiene para el que ama: pureza y enigma?
Y si el amor va a ser compartido, vivido, hay qu esoportar la vida de lo que se ama...y si no, todo se hace más fácil como lo fue al fin para Don Quijote, para Dante, para todos los grandes estrategas del amor que supueron ser esclavos siendo en verdad libres, es decir: ganar voluntad.
Pero la imagen de sí mismo no suele tener pureza; sólo si nos viniera de un lugar puro, lejano, invisible, sólo si nos viniera de Dios como na sombra apenas visible que corrigiese nuestros yerros, nuestros falsos movimientos y fuese pauta, modelo que se revela en tanto que se realiza en nosotros; no obsesivo ejemplo que corrige como a los niños hacer sólía el pedagogo a los padres torpes en nombres del “niño modelo”...Dios, supremo educador. Y así descansaba de su imagen que se la había llenado de dolor. Ahora notaba ese dolor vago que es señal de ausencia, una especie de vacío que se hace presente... Y no era tanto de su propia imagen, sino aquella otra enigmática, cifra de lo inaccesible... ¿ Habrá de ser siempre así, todo lo que se ame, jeroglífico, cifra sagrada e incomprensible? No habría de existir un género de amor que no tropezara con la resistencia de lo amado; un amor en el cual, entender o querer entender se acreciente con el amor mismo y lleguen a ser la misma cosa, entender y amor; amar y entender. Y el corazón no tenga que someterse ciego, y hambriento también de razones, pues que las necesita...mas cuando se ha querido entender al otro, los otros, los otros creen que son razones para la “razón” lo que ses pido y si no bastan, si no llegan a tocar siquiera el fondo de la cuestión, sobreviene la acusación de irracionalidad, cuando lo que se pide y se ha esperado, lo que el corazón espera siempre sin atreverse a decirlo, es una luz que ilumine aún a trueque de consurmirlo¿qué le importa a él, la consunción? todo lo daría por ver, un instante, pues despertó como despierta todo el que hace, por hambre...


Sobre María Zambrano:
http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2457

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