miércoles, 31 de agosto de 2011

Alegatos (III)

A tu manera: 
alegato en favor 
de los que son diferentes
@Admin
Fuente: Tus nominas

A lo largo de los años he trabajado con gente de todo tipo (como todo el mundo, ni más ni menos).
Y en casi todos sitios me he encontrado a dos tipos de personas: los que se comportan de forma “normal”, o según los cánones establecidos (más o menos creo que entiendes lo que quiero decir) y los que se comportan de forma diferente.
Fundamentalmente las diferencias entre un grupo y otro es que el primero de ellos ha desarrollado unas habilidades sociales y de comunicación muy efectivas, están muy integrados y muestran en apariencia ser felices con su comportamiento estándar. En cambio, el segundo grupo no se encuentra cómodo en absoluto con nada de lo anterior.
Cualquier integrante de cualquiera de los dos grupos tienen su importancia en un momento dado y pueden marcar la diferencia, pero hoy quiero centrarme en el segundo grupo.

Una pieza de música que otro tocó
Cuando le preguntaban a un conocido músico cual era su secreto para ser tan creativo dijo: no hay ningún secreto, nadie es original, todos copiamos, tenemos influencias de las que ni nosotros mismos somos conscientes, lo único que podemos hacer es mezclar todas esas influencias, perfeccionarlas y presentarlas de un modo distinto. Eso, a su vez, influirá algo en otras personas, nunca sabes cuánto ni en qué forma, y el ciclo nunca se cierra.

El teniente Colombo, ese crack
Colombo fue mi ídolo en la infancia. Era un tipo normal que hacía cosas completamente extraordinarias, con un estilo tranquilo, inconfundible. Esta serie de televisión apostaba por hacer lo contrario de cualquier novela o película policíaca, y desvelaba desde el principio quién era el asesino. Así que en cada capítulo se trataba únicamente de ver cómo Colombo poco a poco cercaba al criminal psicológicamente hasta que éste último acababa cometiendo un error o confesaba el crimen.
Colombo iba siempre desaliñado, con la misma gabardina, hecha un desastre, y con un aire de despiste total. Cuando el criminal tomaba contacto con Colombo por primera vez pensaba que le había tocado la lotería, es decir, que le había tocado el tío más torpe de todo el departamento de policía. Sin embargo, Colombo sabía utilizar todo esto en su favor.
Recuerdo un capítulo en el que Colombo hacía al asesino una observación sobre unas copas de helado que podían incriminarle. Cuando Colombo se va, el asesino aprovecha para lavar los cacharros rápidamente y así poder eliminar cualquier huella. Al momento, Colombo vuelve a entrar, y le pilla lavando las copas (totalmente surrealista). Colombo hace como que no se da cuenta, y dice algo así como “se me olvidaba decirle que mi mujer es una gran admiradora de Usted”, y se iba con la certeza de haber descubierto al asesino. Así de sencillo.

Gente brillante: The quiet man
En la oficina tenemos a un chaval que habla poco. Le llamamos “the quiet man” (el hombre tranquilo). The quiet man es un tipo de lo más extraordinario. Nunca se queja de nada, puede con todo el trabajo que le eches y siempre consigue irse a su hora. Nunca hace nada forzado. Si un chiste no le hace gracia, no se ríe. Si no tiene ganas de hablar, no habla. Si tiene ganas de hablar, habla. Y cuando habla, es como si consiguiera clavar una alcayata en la pared hasta el fondo y a la primera con un solo martillazo. Nunca es para decir una tontería. Y cuando dice una tontería nos meamos de la risa. Tiene una forma de ver las cosas completamente diferente, yo diría que es una persona que sorprende permanentemente. Podríamos sentarnos 5 personas a hacer brainstorming toda una tarde y no se nos ocurriría ni remotamente algunas de las ideas que a él sí se le han ocurrido. A the quiet man le despidieron de su anterior trabajo porque decían que era lento y no encajaba con sus compañeros. A los 3 meses de empezar a trabajar con nosotros, ya se le dio la tercera parte de la cartera de clientes que tenemos. Es la eficacia personificada. Los clientes están enamorados de él, mujeres y hombres por igual.
¿Qué hicimos para que cambiase?. No hicimos nada, no le mandamos al psicólogo ni nada parecido. Solo hicimos dos cosas: respetarle (si quieres hablar, habla; si no quieres, no lo hagas; haz lo que te salga de la pilila) y confiar en él. Esto es muy poco en comparación con lo que nos está devolviendo. Le respetamos y le queremos. A cambio, él ha revolucionado el departamento, soporta una gran carga de trabajo, ayuda a los demás, ha mejorado los procesos que teníamos, tiene las mejores ocurrencias, etc, etc, etc.

La leyenda del abogado despistado
Bueno, lo de leyenda lo he puesto porque queda bonito, pero no lo es. El otro día una compañera abogada nos contaba que estuvo trabajando de ayudante para un abogado de lo más despistado. Nos contaba que lo pasaba francamente mal, porque este hombre llegaba incluso a olvidarse de traer las pruebas al juicio. Esto es más o menos lo que nos contó: “llegábamos a juicio y yo estaba con un nudo en el estómago. El juicio empezaba, el juez le daba la palabra, y este hombre no respondía acto seguido, sino que se tomaba su tiempo, hacía unos silencios larguísimos y casi por lo general empezaba metiendo la pata. Sin embargo, acto seguido parecía salir de su confusión, levantaba la cabeza, dedicaba a todos una amplia sonrisa y a continuación decía: señoría….creo que no era esto lo que quería decir, lo que yo quería decir realmente es esto otro….y empezaba a fluir la magia. Se ganaba al juez con una lucidez al alcance de pocos. Fuera de la sala del Tribunal, su vida seguía siendo caótica y desordenada. Se transformaba.”

Gracias por la magia
Cuando recuerdo cómo se ha tratado a algunos de los compañeros que he tenido (y a mí mismo) en algunas empresas en las que he estado, me entran ganas de vomitar. Mucho talento se evapora a diario en todas las empresas entre mentiras, promesas incumplidas, broncas, prisas, y faltas de respeto (por cosas que muchas veces ni siquiera tienen que ver con el propio trabajo). Sólo algunos se obstinan en seguir siendo diferentes a pesar de todo.
Puedes reirte de una persona por ser diferente, pero eso es como bajarte los pantalones y cagarte en medio del Louvre, puedes hacerlo, pero es de gente un poco subdesarrollada.
¿Acaso no deberíamos todos intentar ser diferentes, ser más auténticos?

Epílogo
Hay gente que esculpe con cada palabra, con cada actitud, con su trabajo, una vida parecida a una obra de arte. En estos casos, cuando la magia se destapa, lo único que puedes hacer es sentarte lo más cerca posible y disfrutar del espectáculo, sin juzgar.

Gaudí (1852-1926). El sólo ideó la mastodóntica Sagrada Familia, aún sabiendo que no viviría lo suficiente para verla terminada. Vivía recluido en la Sagrada Familia y se dice que la gente solía confundirle con un mendigo. Murió atropellado por un tranvía. El chiste fácil es que estaba mirando cómo le estaba quedando la Sagrada Familia, pero esto no está confirmado. Su creatividad ha sido calificada como única, y su obra es admirada en todo el mundo.

Cervantes (1547-1616). Escritor de, entre otras obras, la universal “El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha”. Adolescente tímido y tartamudo, la mala suerte y la penuria le persiguieron toda su vida. Sufrió reclusión, cautiverio y afrenta pública. Se presume que perdió la funcionalidad de su mano izquierda en la batalla de Lepanto. Su habilidad para ganarse la vida en tiempos de paz y de atraer mecenas a su causa era nula. Sólo tras el éxito casi instantáneo de las dos partes de Don Quijote pudo respirar aliviado, aunque las deudas seguirían persiguiéndole posteriormente. Hoy es el autor más reconocido a nivel mundial, junto con Shakespeare. La lengua española es también conocida como “la lengua de Cervantes”.

Van Gogh (1853-1890). Pintor post-impresionista alemán. Vivió entre la genialidad y los accesos de locura. A pesar de ser muy prolífico como pintor, solo llegó a vender una sola obra en toda su vida. La mayoría de sus cuadros los regalaba. Hoy su talento es mundialmente reconocido y sus obras se venden por cifras millonarias.

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