viernes, 29 de julio de 2011

La felicidad, objetivo fundamental (5)

Nueva receta para ser feliz
© Amalia Torres
Fuente: El Páis de Montevideo

Obra de Vicent Van Gogh

Los genes y el ambiente poco inciden en la felicidad individual. Según un estudio, las decisiones propias son las verdaderas constructoras de ese ansiado estado emocional.

Hace 21 años que Sonja Lyubomirsky -doctora en psicología social de la Universidad de Stanford y académica de la Universidad de Carolina- se pasa todos los días estudiando por qué algunas personas son más felices que otras.
Al comienzo, cuando estaba recién graduada, reconoce haberse sentido insegura sobre sus investigaciones. "En parte, porque en esa época el tema de la felicidad no era considerado muy científico. Ahora, en cambio, hay puntajes para medirla, e investigadores muy serios están analizando los niveles de felicidad, tanto desde el aspecto psicosocial como desde el área neurocientífica", explica la investigadora.
Para definir "felicidad", Lyubomirsky toma en cuenta su aspecto subjetivo (cómo la percibe cada persona) en conjunto con la definición de Ed Diener, otro estudioso para quien ser feliz implica experimentar de manera frecuente emociones positivas (como alegría, orgullo, entusiasmo y tranquilidad), además del hecho de sentir que se están cumpliendo las metas propias.
"Las personas y las diversas culturas pueden tener distintos significados para la felicidad. Por ejemplo: yo comparé a los estadounidenses y a los rusos, y me di cuenta de que los primeros definen la felicidad relacionada con éxito, diversión, familia y dinero. Por otro lado, los rusos lo hacen en términos familiares, comprensión mutua y salvación espiritual. Además, la relacionan con la paz y la belleza", dice Sonja Lyubomirsky.
Sin embargo -recuerda la experta-, sin importar la definición, ser felices o no está gran parte en nuestras manos.
"La conclusión principal de mis investigaciones es que a pesar del hecho que la felicidad está determinada parcialmente por nuestros genes y que las distintas circunstancias que vivimos tienen una pequeña influencia en cuán felices somos, todavía hay una porción muy grande, más del 40%, que depende sólo de nosotros".
Sobre ese tema habla en su libro The How of Happiness: A Scientific Approach to Getting the Life You Want (en español, "La ciencia de la felicidad"), donde además entrega 12 estrategias cotidianas que permiten mantener una sonrisa dibujada 24 horas al día. Acá, su receta para ser feliz.
El primer paso es agradecer por lo que se tiene y a las personas a las que nunca tiene tiempo de dar las gracias. Luego cultivar el optimismo anotando en un cuaderno el mejor futuro posible que imagina para usted. La autora también recomienda ser bondadoso con los demás, dedicarle tiempo a las relaciones con familia y amigos, hacer actividades que lo apasionen y recuperar el placer por disfrutar de cosas básicas, como dibujar, pintar o escribir. Tener claras las metas es otra forma de ser feliz. Con que elija las dos más importantes y le dedique tiempo y esfuerzo será suficiente. Otro punto clave es aprender a enfrentar los miedos, para ello recomienda buscar técnicas que ayuden a desestresarse, de modo de estar mejor para lidiar con las dificultades diarias.
Aprender a perdonar, trabajando el control de la ira o el resentimiento y comprometerse con una fe o leer libros sobre temas espirituales también ayuda, dice Lyubomirsky.
Por último, hay que cuidar el cuerpo haciendo ejercicio, mojón fundamental para ser feliz. Ah, y tampoco debe olvidar sonreír lo más posible.

Las cifras
40% de las posibilidades de alcanzar la felicidad dependen sólo de cada una de las personas, indica la investigación de Lyubomirsky.
12 son las estrategias cotidianas que propone la autora para alcanzarla. Por ejemplo: aprender a agradecer y a perdonar.


Doctora de la alegría
Sonja Lyubomirsky, nacida en Rusia, es profesora de psicología en la Universidad de California y doctora en Psicología Social graduada en la Universidad de Stanford. Un premio de un millón de dólares la puso a investigar en la posibilidad de una creciente y permanente felicidad. Su libro La ciencia de la felicidad fue traducido en 17 idiomas.

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