jueves, 9 de febrero de 2017

“Anna Frank, una historia vigente” recorre los colegios de Caracas


Tras su exitosa exhibición en la Biblioteca Central de la Universidad Central de Venezuela durante el mes de enero, la exposición Anna Frank, una historia vigente llegó esta semana al Colegio Santa Rosa de Lima, donde permanecerá hasta el día lunes 13 de febrero. La recepción de la muestra entre los estudiantes y docentes ha sido muy positiva. La próxima parada de esta exposición itinerante será el Colegio Británico de Caracas, donde se espera contar con visitas guiadas en inglés.





(Con información de Carlos Pestano, Coordinador de Juventud EAF)

martes, 7 de febrero de 2017

Palabras de Humberto Valdivieso, Director de Espacio Anna Frank, en In Memoriam 2017


Estamos reunidos en este recinto prodigioso que es el Aula Magna de la “Casa que vence las sombras” con la finalidad de apreciar la ópera Brundibár ―compuesta por Hans Krasá y escrita por Adolf Hoffmeister― como lo hicieron los judíos deportados a la ciudad llamada Terezín en la antigua Checoslovaquia. Vamos a escuchar las composiciones que ellos escucharon y a seguir las peripecias de Anita y Luisín, quienes junto a un gorrión, un gato, un perro y los niños del pueblo lograron vencer las penurias de la miseria impuestas por un hombre vil llamado Brundibár. Ubicados en nuestros asientos viviremos emociones similares a la de aquellos espectadores expulsados de sus hogares y segregados por su raza y religión. Desplegados en el escenario, los artistas comprometidos con el evento de hoy cantarán, actuarán y tocarán sus instrumentos guiados por un espíritu de humanidad y amor hacia el arte similar al de los hombres, mujeres y niños encerrados tras las murallas de Terezín. La mayoría de aquellos espectadores y artistas judíos no lograron sobrevivir. Sin embargo, los motivos por los cuales sufrieron y murieron sí, y el testimonio de su lucha por mantenerse dignos y libres a pesar del horror también.

No podemos volver atrás en el tiempo para salvarlos o agradecerles personalmente habernos otorgado este testimonio de lucha, libertad y amor por la vida que es la ópera Brundibár. Sin embargo, tenemos la oportunidad de reivindicarlos y continuar su legado. Y esto es posible si aprendemos las lecciones atesoradas en el mensaje musical y nos comprometemos con la paz, la solidaridad, la convivencia y la justicia.

Visitar los testimonios del pasado, tal como hacemos hoy en esta ópera, no tiene por finalidad perpetuar la nostalgia o quedar paralizados frente a la crueldad sino mantenernos activos aprendiendo de nuestros aciertos y errores, adiestrarnos para estar atentos a las acciones del presente y convertirnos en mejores seres humanos. Esa es la misión de Espacio Anna Frank, también de los artistas y de la universidad. Es la meta de la cultura, tal como lo expresó hace unos años la escritora vasca Luisa Etxenike: "La cultura no es una actividad del tiempo libre; es lo que nos hace libres todo el tiempo".

Ustedes, niños y adultos reunidos en el Aula Magna de nuestra Universidad Central de Venezuela para presenciar el montaje de Brundibár, bajo las hermosas nubes de Alexander Calder, no son espectadores. Hoy somos todos promotores de la coexistencia y de la memoria de los oprimidos. Formamos parte del extraordinario grupo de músicos y actores que en pocos minutos llenarán este escenario. Se lo debemos no solo a los niños y artistas del gueto de Terezín sino a quienes actualmente son víctimas de la injusticia y siguen luchando por la paz y la libertad. Hoy la ópera del maestro Hans Krasá nos ofrecerá, al menos tres lecciones con las cuales podemos contribuir, junto a Espacio Anna Frank, a la construcción de un mundo mejor:

1. La solidaridad es la base de la supervivencia y el bien común.

2. La libertad es una hazaña colectiva, no depende de un individuo sino del esfuerzo de todos.

3. Aunque estemos sometidos a la injusticia, la miseria y la maldad el arte nos hará dignos y nos permitirá reencontrarnos con la belleza y los valores humanos.

Estamos aquí gracias a quienes no perdieron la fe en la vida y la humanidad. Cada paso dado en la dirección señalada por los que sufrieron y continuaron luchando para ser libres es una ganancia. El poeta hindú Rabindranath Tagore dejó en sus escritos una pregunta aún vigente en el siglo XXI: “¿El trabajo de la noche no será útil al amanecer?”. El trabajo hecho por Hans Krasá, Adolf Hoffmeister y los niños de Terezín en la oscuridad de la guerra fue útil en el amanecer de la paz. Y es esa labor luminosa la que conmemoramos hoy.

(Foto cortesía Dirección de Cultura de la UCV)

domingo, 5 de febrero de 2017

Michel de Montaigne sobre la tolerancia


“No tengo ese defecto tan común de juzgar a los demás según yo soy. Creo fácilmente cosas distintas a las mías. Por sentirme comprometido con una forma, no obligo a ella al resto del mundo, como hacen todos; y creo y concibo mil modos de vida opuestos; y al contrario de lo normal, acepto más fácilmente la diferencia, que el parecido entre nosotros. Descargo todo lo posible a un ser de mis condiciones y principios considerándole simplemente en sí mismo, sin relación alguna, reconstruyéndolo según su propio modelo”.

“Del joven Catón”, en Ensayos I, de Michel de Montaigne (Cátedra, 1985)

Palabras del Excelentísimo Señor Silvio Mignano, Embajador de la República de Italia en Venezuela, en In Memoriam 2017



Hace algunos días cuatro niños se encontraban en una montaña en los Apeninos, una maravillosa montaña de Italia central, en un paisaje de fábula, entre bosques y rocas doradas, con el sonido lejano de saltos de agua, riachuelos, y el canto nocturno de lobos y búhos, la voz distante de los osos.

De repente, toda esta profunda belleza se convirtió en oscuridad y terror, cuando una terrible avalancha de nieve, de decenas de miles de toneladas, cubrió en pocos instantes el lugar donde los niños se encontraban con sus amigos y con sus familias. Todo fue hielo, oscuridad, silencio, miedo hacia un futuro que no dejaba ver alguna salida. Lejos quedaron la luz del sol, los juegos, los bosques pacíficos y el hermoso paisaje.

Lo mismo ocurrió hace casi ochenta años no en montañas aisladas, sino en el pleno de las hermosas, modernas, cómodas y desarrolladas ciudades de Europa. Miles de niños se encontraron presos, con sus amigos, sus coetáneos y con sus familias, en lugares oscuros, fríos, duros, sin que se viera en ninguna parte la luz de una esperanza, de una salida, de la posibilidad de volver a la felicidad, a los juegos, a la escuela, a la vida.

El alud no lo lanzó la montaña esta vez, sino la mano feroz del hombre, que se había convertido -como lamentablemente muchas veces en nuestro oscuro pasado- en lobo de sí mismo: como siempre ocurre cuando se desprecia a quien es diferente, o quien consideramos diferente, y se incita entonces al odio y se llega inevitablemente a la destrucción, a la violencia, a la devastación, como un terremoto, como un alud.

No nos dejemos entonces arrastrar por la exaltación de las diferencias: los seres humanos tenemos, por suerte, infinitas cosas en común más que diferencias.

Sin embargo, incluso cuando todo se cierra encima de nosotros y faltan el aire y la luz, cuando la esperanza se consume como llama de una débil vela, incluso entonces no faltarán nunca quienes -amigos, familiares, seres queridos, extraños de buena alma y buen corazón- trabajarán para buscarnos, para rescatarnos, para crear alrededor de nosotros una red de solidaridad, de lucha común, de bondad desinteresada. Porque los seres humanos, por suerte, siguen siendo profundamente buenos.

Como ocurre en la historia que dentro de poco vamos a escuchar, la historia de Brundibár, en la cual los niños descubren un grave peligro pero también una comunidad que se une para enfrentarlo.

Como ocurrió hace setenta años y más, cuando millones de personas combatieron finalmente en Europa para derribar las fuerzas oscuras que habían creado la ignominia de los campos de concentración y para rescatar la vida de los sobrevivientes y la memoria de los que no lograron ver el regreso de la luz.

Como ocurrió hace una semana en la montaña de Italia central, cuando los niños de los cuales hablaba al comienzo escucharon ruidos débiles, lejanos, que de repente se hicieron más fuertes y cercanos y luego se transformaron en voces humanas, que los llamaban, y en manos que excavaban, que derrumbaban paredes, que se proyectaban hacia ellos como rayos de luz, como extensiones de nuestro gigante corazón común, para rescatarlos, devolverlos a la luz de un nuevo nacimiento, y también entregándoles la tarea más grande: la de recordar, de guardar las imágenes, transformarlas en palabras, quizás silenciosas, dentro de ellos, quizás un día abiertas, en voz alta, para rescatar la memoria también de los quedaron en el fondo de la oscuridad.

Este es el día de la memoria.


(Foto cortesía Dirección de Cultura de la UCV)

jueves, 2 de febrero de 2017

Palabras del Excelentísimo Señor Stefan Andreas Herzberg, Embajador de la República Federal de Alemania en Venezuela en In Memoriam 2017



Distinguidos presentes:

Hoy conmemoramos el aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz el 27 de enero de 1945. El recientemente fallecido Presidente Federal Roman Herzog proclamó este día en 1996 a fin de conmemorar a las víctimas del nacionalsocialismo. Como punto central se encuentra la conmemoración del Holocausto, el cual representa, para nosotros los alemanes, un compromiso permanente con el pueblo judío. En el año 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró oficialmente este día como Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

En aquella oportunidad, Roman Herzog manifestó que ese día debería servir para convertir ese recuerdo en vibrante futuro. Nosotros los alemanes, así decía él, no queremos mantener nuestro horror. Queremos más bien aprender de ello para que sirva de orientación a las futuras generaciones.

Considero que lo hemos logrado en los últimos 20 años desde entonces. Estamos conscientes de la Shoá, así como del compromiso que de ella se desprende. Los reflejos para enfrentar las nuevas fuerzas nacionalsocialistas, cada vez más fuertes en Alemania, existen; deben mantenerse despiertos y ser reforzados. La conmemoración del 27 de enero de 1945 también contribuye a este propósito.

Quisiera citar una vez más a Roman Herzog:

“Los actos conmemorativos por sí solos adoptan fácilmente el carácter de coartadas y no se trata de eso. Los ciudadanos de nuestro país deberían reflexionar al menos una vez al año sobre lo sucedido y en particular sobre las consecuencias de ello. Es muy importante llegarle a nuestra juventud y aguzar su vista para posibles peligros futuros. A este respecto confío en la ayuda de los medios y los docentes, pero también de todas las demás fuerzas sociales que puedan hacer su aporte.”

Justamente es aquí donde Ustedes intervienen con la presentación de la ópera infantil Brundibár. Desde su redescubrimiento en los años 70, Brundibár fue presentada por muchas compañías teatrales en Alemania e Israel. Frecuentemente también es utilizada como material didáctico en las clases de historia de los colegios.
Brundibár muestra a los jóvenes -de hecho, también a todos nosotros- dos situaciones de manera muy clara. Nos percatamos de las circunstancias bajo las cuales se presentó la ópera en el campo de concentración de Theresienstadt. Recordamos el terrible destino que alcanzó a la mayoría de los niños que participaban en su ejecución.

Sin embargo, de Brundibár se desprende también una esperanza. La ópera contiene una declaración política que se dirige contra el nacionalsocialismo. “Deben construir sobre la amistad, recorrer el camino juntos, confiar en sus fuerzas y mantenerse unidos.”, así canta el coro las palabras del compositor Hans Krása y del libretista Adolf Hoffmeister. Allí encontramos el mensaje, se trata de superar conjuntamente toda forma de tiranía o despotismo. Este mensaje va más allá del III Reich y también puede aplicarse a circunstancias actuales.

Le agradezco a Espacio Anna Frank por la excelente selección y estructuración de este acto conmemorativo.

Muchas gracias.


(Foto cortesía Dirección de Cultura UCV)

miércoles, 11 de enero de 2017

La ópera infantil Brundibár se presenta en el Aula Magna de la UCV



Con 40 niños en escena, la Organización sin fines de lucro Espacio Anna Frank presentará la ópera infantil Brundibár, del compositor Hans Krása, el próximo domingo 29 de enero a las 11 de la mañana. El evento, de entrada gratuita, se realizará en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela y contará con la participación especial de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Chacao, el Coro Infantil y Juvenil de la UCV e integrantes de Producciones “A Voces”, bajo la dirección musical del maestro Alfredo Rugeles. La dirección vocal corre por cuenta de la maestra Sara Catarine, Magda Albarracín tiene a su cargo la dirección coral; Carmen Navarro funge de profesora de canto y coral y la dirección de escena es labor de Diana Volpe.

Brundibár nos deja un legado de valor y fortaleza, de poesía en medio del horror. La partitura fue rescatada tras el Holocausto, pues su autor, el compositor judío Hans Krása, oriundo de Praga, fue enviado al campo de confinamiento de Terezin –creado por el III Reich y presentado por su propaganda como una “ciudad balneario” a la que podían retirarse ancianos y artistas judíos–, para luego ser deportados al campo de exterminio de Auschwitz. La obra, compuesta en 1938, se representó clandestinamente entre 1943 a 1945 en un orfanato para niños judíos en Praga. En Terezin, Krása tuvo que reconstruirla de memoria. La obra se interpretó allí 55 veces, con los niños recluidos en el campo integrando el elenco.

Esta hermosa obra infantil (y para toda la familia) fue redescubierta a finales de la década de 1970. En 2005, se representó en Venezuela gracias a la Fundación Konrad Adenauer, con un lleno total de la Sala José Félix Ribas del Teatro Teresa Carreño.

Su presentación en enero de 2017 forma parte de la programación In Memoriam de Espacio Anna Frank, en el marco del 10° aniversario de la organización. Cabe resaltar que, desde el 2010 y durante el primer trimestre de cada año, Espacio Anna Frank viene realizando actividades educativas y culturales en alianza con instituciones afines, para honrar lo dispuesto por la resolución 60/7 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que designó el 27 de enero como Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto.

La elección de esta fecha no es fortuita: el 27 de enero de 1945, el ejército soviético liberó Auschwitz, el mayor campo de exterminio nazi. Por su enorme trascendencia histórica, este acontecimiento fue objeto de una conmemoración global extraordinaria en 2015, a propósito de su 70° aniversario.

In Memoriam es posible en 2017 gracias al patrocinio de las Embajadas de Alemania, Argentina e Italia, a través del Instituto Italiano de Cultura de Caracas y el Comité Venezolano de Yad Vashem Sobrevivientes del Holocausto, y con la colaboración de la Universidad Central de Venezuela y su Dirección de Cultura.


Algo sublime sucedió en medio del infierno

La ópera infantil pone en escena a dos hermanos, Luisín y Anita, quienes deben conseguir dinero con el fin de comprar leche para su madre enferma. Pero su propósito se ve contrariado por Brundibár, el organillero, quien los quiere echar de la plaza. Finalmente, con ayuda de los animales y otros niños, logran vencer a Brundibár y consiguen el dinero para su mamá. El montaje concluye con un canto de la marcha de la victoria sobre la derrota del malvado organillero.

De los 15.000 niños que estaban en el campo de Terezín, sólo 89 sobrevivieron. De los cientos que participaron en Brundibár, solamente sobrevivieron 4. El compositor Hans Krása murió en Auschwitz, pero su obra lo trascendió y continúa transmitiendo un mensaje universal que debe ser recordado por nosotros y por las generaciones futuras, como una advertencia para que hechos de ésta índole no se repitan.

Brundibár es un aporte de enorme importancia para la sociedad, en búsqueda de mejores relaciones entre los seres humanos, el respeto mutuo, la responsabilidad compartida y el logro de la convivencia pacífica, que derrumba la violencia y la discriminación. Es un aprendizaje de resistencia y triunfo del espíritu humano, como afirma Marianne Kohn Beker, directora académica de Espacio Anna Frank y miembro fundadora.

Este evento musical llega al Aula Magna para enseñarnos la unidad, el compromiso de nunca olvidar y la necesidad de divulgar entre nuestros pueblos un mensaje de humanismo, solidaridad y esperanza. Como parte del programa se exhibirá también un conmovedor documental acerca del Holocausto, cuyos sobrevivientes fueron recibidos con los brazos abiertos por el pueblo venezolano. Además de tratarse de una única función de entrada libre, los asistentes contarán con seguridad para estacionar sus vehículos

martes, 22 de noviembre de 2016

Palabras de Javier Vidal en la presentación del libro "Paraíso en la Tierra", tercer volumen de la colección El país de los brazos abiertos



Llegué a esta Tierra de Gracia a la edad de 20 meses. Mis padres me trajeron en el Monte Altuve, barco de carga mixta. Partieron de Barcelona porque ya no podían soportar una vida con dignidad en la España franquista que los estigmatizó con el calificativo de “rojillos catalanes”; todos eran republicanos. Eran perseguidos y vigilados. Doblemente humillados por hablar otra lengua a la castellana. Después de 15 años de postguerra mis padres decidieron migrar, convertirse en trasterrados y probar suerte en América. Queda claro que toda migración siempre es política.

América es una tierra de migraciones. Los primeros homínidos que la habitaron venían de otras tierras de oriente o más occidente, aún sin nombres y sin palabras. América esperó por siglos las visitas sin visas ni permisos de vikingos del este y de los que nos configuró culturalmente como fue y ha sido la gesta de Colón y los reinos de España, Portugal, Inglaterra, Holanda, algo de Francia y Alemania.

Soy un trasterrado y conozco de cerca la sensación de trasiego y pertenencia en comunión de culturas y costumbres de lejos. Tres siglos de colonia española y apenas otros dos de república han concordado una identidad propia y soberana de irrenunciables raíces y tradiciones. Los del Norte tienen una historia muy diferente y por lo obvio una cultura completamente distante a la nuestra. Nosotros, los del sur, hablamos dos idiomas hispanos y cada país tiene su nombre y por ende su gentilicio. Nos reconocemos dentro de nuestra casa grande y defendemos nuestro frente y nuestro patio. Lo que sí compartimos con los del norte es que son y han sido tierras que se construyeron con emigrantes, desde los Colón y los colonos del Mayflower, hasta las migraciones de las hambrunas y guerras europeas, sin olvidar la obligada y más arraigada migración de los africanos y los exploradores asiáticos por la costa pacífica tanto al norte como al sur.

Venezuela, en particular, nunca fue virreinato. En 1777 Carlos III por la Real Cédula nos nominó como Capitanía General que apenas duró los años que Alejandro Magno y Cristo vivieran en tierra. La fundación geopolítica de una “capitanía general” nos marcó, casi como una mácula. “Venezuela es un cuartel”, llegó a decir alguien muy importante (Simón Bolívar). El siglo XX, pues, fue el siglo que configuró a la nueva Venezuela acumulando desordenadamente la estratificación entre culturas foráneas y tradiciones desde tiempos de conquista y colonización.

La “casa grande” abrió sus puertas y ventanas a holandeses, corsos e italianos; canarios, gallegos, vascos, catalanes y asturianos; portugueses de Madeira, chinos, alemanes y unos pocos franceses a la par de trabajadores petroleros del norte que se impusieron con el hot dog y el béisbol en nuestra irrenunciable cultura. En el último cuarto del siglo XX llegaron las aves migratorias de procedencia colombiana, ecuatoriana, dominicana, los perseguidos de Castro, Pinochet, el Proceso argentino y en este siglo los castrocomunistas de Cuba, pero ya en plan de conquista disfrazados de servicio público. Venezuela entendía de migraciones por toda la persona es que como los albatros buscaba un mejor clima para depositar sus huevo su construir un nuevo nido. Así nos fuimos haciendo, así nos fuimos siendo ¡Así somos!

Somos un país transcultural que consolidó una civilización de pertenencia. Una idiosincrasia propia, común para todos los venezolanos. Un gentilicio de dignos herederos de unas raíces de una estética helénica, una religión judeocristiana, un idioma castellano y de un derecho romano. Ese crisol del que tanto hablamos nos hace más libres en nuestro pensar, en nuestra comprensión con el otro y en nuestra también irrenunciable calidad de tolerancia y paz. A pesar de nuestro apasionado mar Caribe, somos gente de paz porque así nos fuimos construyendo en el pasado siglo con escasos 43 años de democracia civilista.

La historia de Manolo, el gallego, que aparece en este hermoso libro Paraíso en la Tierra (Una aventura de inmigrantes que encontraron una nueva patria en Venezuela), tercer volumen de la colección El país de los brazos abiertos, en el formato de cómic que edita Espacio Anna Frank, es una historia de migrantes, es la historia de los constructores que configuraron la nueva identidad de un país.

La historia de Manolo, el gallego, es un inteligente relato simple y sencillo, con guiños didácticos, y alejado de toda truculencia sentimental que nos resume recíproca y reflexivamente sobre lo que somos como afinidad y diversidad de orilla a orilla. Han sido mucho los Manolos que desde los cuarenta del siglo XX se aventuraron a saltar el charco en busca de la tierra prometida. Cada Manolo será un Manolo distinto y seguirá siendo Manolo en el relato de Manolo que cuenta la abuela Elisa a su venezolana nieta Ángela. De cómo llegaron a esta Tierra de Gracia, del porqué y del para qué siguen y seguimos aquí. De lo que construyeron durante más de medio siglo de virtudes y trabajo.

Los que tenemos la virtud y trabajo de reseñar el nuevo mapa cultural de nuestro país estamos en deuda con Espacio Anna Frank por estos espacios de reflexión que se elevan sobre la acción continua de un devenir cotidiano que sofoca los tiempos de ocio que ahora acapara la supervivencia por cubrir nuestras primeras necesidades. Por eso el agradecimiento por la existencia de estos espacios, de este tiempo que robamos al tiempo de las colas de la vergüenza que este sistema político nos ha impuesto irresponsablemente. Gracias a los directores de Espacio Anna Frank y su directora Carolina Jaimes Branger. A Nahir Márquez y Jaime Barres por su escritura e investigación. A las ilustraciones y diseño de Ricardo Sanabria y Eduardo Sanabria, el conocido EDO. Y gracias a ese motor pulsador de movimiento de esa gran mujer inquieta y promotora que es Ilana Beker. Gracias por no dejar de soñar por no dejar de luchar.

Creo y me comprometo en el juicio de pensar que este libro llega en el mejor de los momentos. Estamos en una obligada temporada de migración invertida. El tema de la migración ahora la vivimos de adentro para afuera. Ahora el venezolano se ha convertido en apenas tres lustros en ave migratoria. Y nuestra migración, también es política. Muy tentador es el tema pero no me invitaron para hablar de él aunque sería hipócrita de mi parte no lanzar el naipe boca arriba sobre la mesa de juego para su reflexión, discusión o diálogo, tan en boga en este relativo contexto que vivimos. Quedará pendiente para otra ocasión donde aparezca la nueva poética del venezolano migrante. Ahora está escrita esta historia de Manolo para no olvidar en tiempos de amnesia.