viernes, 22 de junio de 2018

Concertar: sonidos en coexistencia, por Argenis Álvarez


La naturalidad con la que cada instrumento toma su lugar dentro de la orquesta, ya sea de cámara o sinfónica, puede hacer creer que la concertación entre todos se lleva a cabo de manera automática. Darle play y ya, los sonidos armonizan y actúan de manera engranada. La realidad es un poco más compleja: se requiere de acuerdos previos entre las familias de instrumentos (cuerdas, vientos, metales, madera, percusión…) que permitan que los sonidos emerjan en una mezcla heterogénea, protagonizada por los instrumentos ejecutantes sin menosprecio de la función que cada uno cumple, por simple que esta sea, mientras todos realizan de manera consciente y eficaz su papel dentro de una obra orquestal.

Estas concertaciones deben ser constantes, dependen de la práctica y el ensamble diarios, lo que genera la impresión de que los músicos nacieron acoplados, que poseen de manera innata un sexto sentido para la concertación. Esto nos regala un hermoso ejemplo sobre lo que significa actuar en coexistencia; la manera en que cada sonido se funde con el otro sin dejar a un lado su esencia única, ni entorpecerse entre ellos. El movimiento permanente en conjunto hacia un fin hace que se fusionen, dancen en paralelo, se alejen y se acerquen mediante una sinfonía atractiva para nuestros oídos.

El significado original de concierto es la idea de cosas que suceden a un tiempo: un equipo de fútbol juega en concierto; los jugadores hacen un esfuerzo concertado para ganar. La palabra, entonces, también significa compañerismo, que puede ser otro bello sinónimo de concertación. Pues bien, en música, la palabra concierto (del italiano concerto) hace referencia al compañerismo de los músicos, que se unen para tocar o cantar en grupo.

Nuestra sociedad, tan diversa y nutrida de ideales, es un eterno rompecabezas, una obra sinfónica compleja que requiere ejecutantes cada vez mejor preparados. Ciudadanos con el deber y el derecho de concertar entre sí, entre sus líderes e instituciones, para ponerse de acuerdo en el avance hacia la construcción de soluciones para viejos y nuevos problemas que nos asedian. El origen de esos problemas residen en haber permitido que se aislaran las buenas prácticas de convivencia y que se pregonaran in crescendo el desconcierto, la caótica cacofonía social, económica y política que vive actualmente la nación.

Ante el diminuendo de valores y virtudes en la colectividad venezolana, tomemos las herramientas del promotor de un país orquesta, el Maestro José Antonio Abreu, y pongamos en práctica los principios de trabajo y desarrollo en armonía de un ensamble musical: la orquesta como núcleo de la sociedad, como ejemplo de la coexistencia. 


Fecha y lugar: Alianza Francesa (sede La Castellana), sábado 16 de junio, 1:30 pm.

Dinámica: muestra musical + exhibición y guiatura de la exposición gráfica Coexistencia, de Espacio Anna Frank.

Duración: muestra musical, 15 min; guiatura, 20 min.

Ficha artística (actividad musical): María Querales, flautista; Stephanny Mata, violonchelista; Endrys Cisneros, cantante; Humberto Giménez, cuatrista; Jordao de Freites, clarinetista; Argenis Álvarez, director.

Equipo de ponentes Espacio Anna Frank: Ariyuri Pernia, Samantha Torres, Adriana Carrillo y Argenis Álvarez.

Anna Frank y la Coexistencia. Conferencia del Prof. Carlos Ñañes



El nacimiento de una persona representa el valor de la existencia individual, el inicio de una historia personal que tiene principio, desarrollo y final. El ser humano no existe en solitario, sino en sociedad con otras personas, en un plano que muestra el valor de la interacción y de la experiencia compartida.

La coexistencia representa el valor del bien común a través de la existencia armónica de distintos elementos.

La coexistencia representa el valor de la otredad, reconocer al otro. Y no sólo reconocerlo, sino respetarlo y permitirnos entenderlo, es decir, asumir la alteridad. Este concepto progresivo integra el reconocimiento de los demás. Nuestra vida se desarrolla en una coexistencia constante. La coexistencia armónica aporta el bien común a la sociedad; sin embargo, eso no significa que no existan puntos de desencuentro, conflicto y diferencias de criterio. La coexistencia es un aprendizaje para cualquier persona que desee ir más allá de su individualismo, es un aprendizaje para adaptarse a los demás. La coexistencia es un acto reflexivo, sobre uno mismo y su lugar en el mundo.

Ahora, muchachos, debo explicarles –pues lo considero oportuno– quien fue Anna Frank.

Anneliese Marie Frank fue una joven alemana de ascendencia judía, mundialmente conocida por su relato La casa de atrás, obra que de manera póstuma se conoce como el Diario de Anna Frank. En esta obra describe como convive su núcleo familiar junto a cuatro personas más, mientras se ocultaban del horror homicida “nazi”, en plena II Guerra Mundial.

Frente al horror nacionalsocialista, esa pestilencia absurda llena de odio sin sentido, el testimonio de Anna Frank nos reconcilia con el sentido humano básico de la coexistencia como mecanismo para entendernos y aceptarnos. Este rasgo hace de los agobios vividos por los judíos durante el horror del reinado de la bestia negra del nacionalsocialismo un eco de resonancia común. Setenta y dos años después, en nuestra terrible realidad, la juventud está expuesta al riesgo del odio y el aislamiento, pero esa amenaza de la que penden a diario nuestras vidas debe ser el insumo para que desde nuestras familias apostemos por fomentar la otredad, entender al otro, aprender a adaptarnos a los demás y a hacer vínculos, entre todos y desde nuestro propio ser; creando en cada espacio nuestro amigo del alma, ese cuaderno que perfila las líneas de un país mejor, de un futuro en libertad y de un mundo interior donde la ética y la moral sean la geometría de nuestro país.

El relato de Anna Frank es el drama de la guerra, la amenaza del odio hecho política de Estado. Muchos de ustedes conocen el final del diario. “Kitty”, nombre con el que Anna se refería a su diario, no terminó en una historia feliz, de vacía alegría o de simpleza. “Kitty” describe el arresto de Anna; de Margot, su hermana; de Edith, su madre; de Otto, su padre, al igual que los Von Pals, el Dr. Pfeffer, sus mecenas y protectores, Víctor Kugler y Johannes Kleiman, quienes fueron también encerrados por ayudar a judíos. Miep y Bep Voskuijl pudieron escapar, recoger los papeles del diario y darnos este testimonio.

El 4 de agosto de 1944, la pluma libre de Anna dejó de trazar esperanzas en aquellas hojas. Meses después, Anna, Margot y los cuatro inquilinos encontrarían la muerte: unos gaseados, otros –como fue el caso de Anna, Margot y Edith– murieron víctimas de Tifus, la fatiga y el hambre. Desnuda y vilipendiada, Anna fue sometida a las torturas más crueles en Auschwitz-Birkenau. Rapada, llena de costras y temblorosa, sucumbió al odio y al horror del nacionalsocialismo.

¿Pero Anna murió y su historia culmino con su existencia física? ¿Su triste historia es inapropiada para ser contada a niños y jóvenes como ustedes?

La respuesta, mis queridos jovencitos, es un rotundo no. Anna Frank y su ático, Anna Frank y su anexo, Anna Frank y su Casa de atrás, Anna y su escaparate en Ámsterdam que le servían de refugio y escondite, fueron, son y serán una lección de coexistencia para aprender a adaptarnos al otro, para convertir el horror en esperanza, para ver en Peter y Anna el nacimiento de la empatía desde donde nace el amor, la esperanza de poder resistir al cruel y la dignidad de aceptar la cárcel, como resultado de hacer lo que es justo. Cuando la crueldad es la ley, se corre entonces el riesgo de Krueger y Kleiman, al denunciar los horrores de las tiranías, esas que no tienen ideologías y cuyo único rasgo común es el mal. El destino nos compromete con la máxima cantada por el poeta Benedetti: “Libertad es una palabra aguda, muerte es una palabra grave y cárceles es esdrújula terriblemente acentuada y aceptada cuando el mal y el cruel gobiernan”.

Anna nos enseña a coexistir con el terror de la muerte. En medio de la coexistencia misericorde de quien ayuda desde el bien y la solidaridad, Anna fue feliz pese al horror y la adversidad, como lo atestiguan sus fútiles e iniciales pasos en el diario, en los que nos narra la vida de una colegiala alemana de los cuarenta. Como espectadores omniscientes podemos introyectarnos en la narración cruda de un ruido externo, que impacta la vida cotidiana de los Frank: del miedo a lo desconocido pasaron al terror de lo certero. Las enseñas amarillas con el símbolo de la estrella de David, la segregación por razones sociales y la clandestinidad se trocaron en el horror sólido de contarse entre los millones de víctimas del holocausto nazi.

Por incoherencias del destino, Otto, su padre, logra salvar la vida, quizás para dejarnos una lección: el exilio que no pudo proporcionarle a su familia no fue una limitante para que Anna no pudiera escapar. Anna, su hermana Margot y su madre Edith, vivieron más allá del gas y del tifus, se alzaron cual éter sobre el horror humano, al lograr insiliarse en aquellas páginas desgastadas del diario y en el interior del alma de Anna. Quiero hacer uso de las descripciones que me puedo permitir, dadas las características de este auditorio, sobre las particularidades de Auschwitz- Birkenau. Este círculo infernal levantado por la mano del hombre en Polonia recibió sediento de sangre a las hermanas Frank y a su madre. En sus entrañas grises, Anna fue rapada, sometida a trabajos forzados y humillada hasta más allá de la razón humana, tatuada en el antebrazo e infectada de tifus. Cubierta de costras se presentaba dispuesta a velar por el bienestar de Margot, quien agonizaba en su litera, hasta que cayó muerta y vencida por la tiranía de Adolfo Hitler. Sí, a Margot la mató la banalidad del mal, eso que la también judía Hannah Arendt llamaría la laxitud ante la maldad.

Los intersticios del destino hicieron que se esfumase la vida encerrada en el cuerpo frágil de Anna, colapsado de tanta maldad. Su muerte se dio unas semanas antes de los aliados liberasen Auschwitz-Birkenau.

Entonces les repito la pregunta: ¿Anna murió vencida en Auschwitz? ¿Anna fue una estadística más de esta crueldad?

La respuesta, estimados hijos, es ¡no! Anna Frank fue, es y será un testimonio para y por la coexistencia, para y por la humanidad, para y por el hecho siempre humano y racional de respetar al otro.

Decía Elie Wiesel, superviviente de Auschwitz y premio Nobel de la Paz, que “sin memoria, el ser humano entra en una soledad de silencio e indiferencia; quien no recuerda pierde su humanidad”. El relato de Anna en las hojas de “Kitty” nos compromete con nuestra humanidad, al dejar testimonio de cómo la solidaridad llega para instalarse en el dolor como el único egoísmo permitido. Con sus 15 años y sus sueños de adolescente, Anna Frank venció el horror, la guerra, la maldad y hasta burló el tifus inoculado por las inmundas condiciones de Auschwitz. Se pudo apagar la vida terrenal de Anna, pero su testimonio es una advertencia latente contra el odio homicida, una alarma y hasta una vacuna contra la intolerancia. Su relato es el himno a la humanidad y a la naturaleza humana de coexistir con, por y para el respeto.

Hoy, en este ilustre instituto educativo que lleva por nombre Juan XXIII, recordamos las encíclicas de éste, quién fuera ascendido a los altares el 27 de abril de 2014; en las mismas define la labor de la Iglesia como Madre y Maestra (Mater et Magistra) y nos aproxima desde esa máxima educativa también a la otredad en Paz en la Tierra (Pacem in Terris), esta última, escrita al borde de la Guerra Fría, durante la crisis de los misiles en 1962.

Como educadores nos corresponde enseñar a tolerar, insuflar en nuestros educandos el respeto por el otro, el valor de la alteridad y el rol transformador de la educación como compromiso con, por y para la libertad y la tolerancia, que son esferas yuxtapuestas. Colegas docentes, nosotros, como apóstoles de la tolerancia y refugio de la civilidad, debemos y tenemos que educar en el respeto y la alteridad, no podemos ser indiferentes a las amenazas que se ciernen sobre este nuestro apostolado. Debemos y tenemos que ser firmes frente a la intolerancia y el odio, de lo contrario seremos cómplices del tirano y del homicida.

Hoy, con angustia, debo reconocer y debemos reconocer como ejercicio de disciplina grupal, que Venezuela, nuestro país, se enfila peligrosamente a ser una suerte a Auschwitz tropical; miles de nuestros hogares viven el hambre y los agobios del ático de los Frank, cientos de niños exhiben las pústulas purulentas de Anna, la fiebre y la peste arrancan de nuestra patria a niños, madres y ancianos; los hospitales, citando palabras de mi amigo y sacerdote el Padre Torreiro, “son templos de dolor”; la delincuencia escupe dardos de fierro sobre nuestros hermanos y el uniformado sin patrones morales, agrede y reprime a sus pares, en palabras de San Arnulfo Romero: “Las súplicas tumultuosas de nuestro pueblo suben al cielo”.

Frente a este horror, nosotros, docentes, debemos educar para la solidaridad, la libertad, la tolerancia y el respeto. Hacer viva, pues, la máxima de Theodor Adorno. “Si la educación tiene algún sentido es evitar que Auschwitz se repita”. Desde la victoria silente de Anna Frank, sobre la metralla de la guerra, sobre la homicida tiranía de Hitler y sobre la crueldad, debe primar lo urgente de la libertad sobre lo prioritario de existir.

Finalmente, hoy debo darle gracias a Dios por poder dirigirme a este auditorio en donde reina la juventud y la esperanza, reconocer el denodado esfuerzo de la organización Espacio Anna Frank y agradecerle a la vida por permitirme formar parte del claustro de mi amada Universidad de Carabobo, “luz de una tierra inmortal”, quien al igual que Anna Frank es espacio de coexistencia, tierra de todos, y cuyo campus abierto y desafiante no escapa del expolio y el latrocinio deliberado de aquellos quienes apuestan por nuestro silencio. Jamás hará silencio el jubiloso canto de Lauro, en el surco seguirá creciendo la espiga y en las entrañas de sus aulas se dará la batalla, en la que el tirano será vencido una y otra vez.

Quiero despedirme con un canto de un amigo y condiscípulo de ascendencia judía a quién conocí en la UCV. Es un canto de esperanza y fe, esos cantos que han de ser bálsamo en nuestros agobios.



A… Shira Ladonai – Kiga ohga ah.

(Cantaré al Señor pues ha triunfado gloriosamente).

Mi khamo khaba elim Adonai.

(Quién es como tu oh Dios, entre lo celestial).

Mi khamo Khanedar ba kodesh.

(Quien es como tu majestuoso en Santidad)

Na hitan ve hasve kha am zu ga alta

(En tu amor tu guiaste a la gente que redimiste).

Ashira-Ashira-Ashira…

(Cantaré, cantaré, cantaré…).


Ashira - ashira – ashira, para Anna Frank y su coexistencia. ¡Que cante el mundo de amor, libertad y solidaridad, sobre el horror y la muerte!

Dios los bendiga, nos vemos en la Universidad de Carabobo y en libertad.


Conferencia dictada a los estudiantes del I.E. Juan XXIII, 
en la inauguración de la VI Semana de Reflexión “Ana Frank”  

Valencia, 11 de junio de 2018

viernes, 4 de mayo de 2018

Abre su convocatoria el 9no Salón Nacional de la Coexistencia "Naturaleza Nuestro hogar para coexistir"

La organización sin fines de lucro Espacio Anna Frank abre por novena vez la convocatoria al Salón Nacional de la Coexistencia, concurso de Diseño Gráfico y Fotografía para estudiantes, profesionales o aficionados en las áreas mencionadas.

La iniciativa busca propiciar el encuentro de diversas corrientes culturales y educativas del país, centradas en divulgar con mayor amplitud el significado y la aplicación del término coexistencia, con los medios y recursos presentados por los participantes. El propósito del concurso es el rescate y divulgación de los valores humanos, en uso de la conciencia ciudadana y la libre expresión. El tema que inspira la edición de este año se resume en el eslogan Naturaleza, nuestro hogar para coexistir.

La convocatoria se inició el pasado lunes 23 de abril y se extenderá hasta el domingo 24 de junio de 2018, para que un jurado calificado en cada una de las categorías emita su veredicto el lunes 16 de julio. Con una trayectoria digna de admiración, el concurso nos sorprende gratamente este año, con un tema que nos motiva a cuidar del planeta y a trabajar juntos por una causa que nos atañe a todos, y que implica el cultivo de una coexistencia armónica con el ambiente que nos rodea.

Entre otros requisitos, los participantes de las dos categorías han de ser venezolanos, mayores de edad, residenciados en el país o en el exterior. Sus propuestas deben ser inéditas y cumplir a cabalidad con las bases del concurso, disponibles en la página web http://www.espacioannafrank.org. Asimismo, las redes sociales oficiales del certamen ofrecerán información durante toda la campaña: en Facebook, Coexistencia Concurso; en Twitter, @EspacioAF y en Instagram, @espacioannafrank.

     

Se reconocerá un mínimo de doce propuestas por categoría y se otorgará un premio único de 500 dólares para cada una. Esta tarea corresponderá a un jurado de destacados profesionales y artistas: en Diseño Gráfico, Carlos Andrade, Anastasia Carpio, Héctor Do Nascimento, Yennay Quintero y Domingo Villalba; y en la categoría Fotografía, Fran Beaufrand, Ricardo Jiménez, Roberto Mata, Carlos Ancheta y Sara Maneiro.

Descarga y/o consulta las bases del concurso AQUÍ

martes, 20 de febrero de 2018

Palabras del Embajador de Italia en Venezuela, Sr. Silvio Mignano, a propósito de In Memoriam 2018


C’era una volta una guerra, una grande e terribile guerra, che faceva morire molti soldati da una parte e dall’altra”. Así comienza el relato “Las guerras de las campanas”, de Gianni Rodari, el más grande escritor italiano para niños del siglo pasado, quien fue también joven partisano durante la liberación del nazi-fascismo y creador de la revolucionaria Gramática de la fantasía, que trajo un viento de maravilla y encanto a la literatura infantil italiana y europea: “Érase una vez una guerra, una gran y terrible guerra, que hacía morir a muchos soldados de un lado y del otro. Nosotros estábamos acá y nuestros enemigos estaban allá, y nos disparábamos encima noche y día, pero la guerra era tan larga que en un cierto momento nos faltó el bronce para los cañones, ya no teníamos hierro para las bayonetas”.

En la fábula de Rodari el comandante del ejército, Ultrageneral Bombone Sparone Pestafracassone, decide fundir las campanas de las torres campanarias para fabricar nuevas armas, y lo mismo piensa el jefe de los enemigos, el Muertescal Von Bombonen Sparonen Pestafrakasson, pero inevitablemente cuando la guerra comienza de nuevo, ¿qué ocurre?

“Un artillero presionó un botón, y de repente, de un extremo al otro del frente, se escuchó un gigantesco sonido de campanas: ¡Din! ¡Don! ¡Dan!

¡Din! ¡Dan!, tronaba ahora nuestro cañón.

¡Don!, contestaba el del los enemigos. Y los soldados de ambos ejércitos saltaban de las trincheras, corrían los unos al encuentro de los otros, bailaban y gritaban: ¡Las campanas, las campanas! ¡Es la fiesta! ¡Explotó la paz!

El Ultrageneral y el Muertescal montaron en sus carros y se fueron lejos, y consumieron toda la gasolina, pero el sonido de las campanas no dejó de perseguirlos”.

Amé mucho este cuento, cuando niño, y lo había olvidado, hasta que fui invitado a este día tan importante, el Día de la memoria, donde entre las varias actividades se previó intercambiar juguetes de guerra con juguetes de paz, o poemas, dibujos.

Imaginación.

La guerra, la violencia, la persecución de los más débiles, del pueblo, el deseo de destruir un pueblo entero son actos sin imaginación, sin fantasía. Los jerarcas y los ejecutores que hace casi ochenta años pusieron en marcha la Solución Final quizás hasta pensaron tener imaginación, al haber creado un mecanismo con inteligencia propia. No fue así, no hay nada más pobre, banal y profundamente estúpido que el deseo de destrucción. Esto no quiere decir que debamos subestimarlo, ignorarlo, que no debamos temer que se pueda repetir. Las fuerzas profundas que habitan nuestras entrañas, que cavan dentro de ellas túneles de rencor y de oscuridad, existen lamentablemente en nosotros y quizás duermen años o décadas pero siguen allí.

Siguen esperando que nos distraigamos, que nuestra imaginación, nuestra fantasía, tomen un momento de descanso y dejen un espacio vacío, en el cual ellas, esas fuerzas, puedan nutrirse del vacío y fortalecerse.

Hace setenta y tres años logramos ganar. Los ejércitos libertadores entraron en los campos de concentración. Los sobrevivientes y los aliados fueron los unos al encuentro de los otros, pero sin correr, como los personajes de la fábula, porque sus cuerpos eran casi esqueletos, débiles y frágiles. Se supo todo del horror.

Se fundaron estados, organismos internacionales, comunidades regionales integradas para que nunca más se pudiese repetir la atrocidad. En mi país, el artículo 3 de la Constitución introduce la igualdad absoluta de todos ciudadanos, sin distinción de sexo, raza, lengua, religión, opiniones políticas, condiciones económicas y sociales. Un genetista italiano, Cavalli Sforza, llegó más lejos y fue el primero en demostrar la inexistencia científica de las razas, rescatando la inteligencia y la ética de un país, el italiano, que tuvo la vergüenza de publicar en la década de 1930 una revista titulada La defensa de la raza.

Las leyes raciales, dijo el Presidente de la República Italiana Sergio Mattarella hace dos días, con ocasión del Día de la memoria, han sido una página oscura e infamante, una mancha indeleble para Italia, y es absurdo oír aún hoy en día que el fascismo pueda haber hecho algo bueno.

Nosotros ahora esperamos que nuestros cañones hagan “din don dan” como campanas de paz, que la Gramática de la fantasía escriba cada día páginas felices y alegres para todos los niños y los adultos.

“¿Cuánto pesa una lagrima?”, se preguntó Gianni Rodari. “La de un niño hambriento pesa más que toda la tierra”.

Queremos que esto ya nunca más ocurra, que más bien prevalezca este otro poema de Rodari:

“Calculen el perímetro de la alegría,
La superficie de la libertad
El volumen de la felicidad…
Y: ¿cuánto pesa una carrera en una pradera?”.

Queremos que los niños puedan jugar con los juguetes que más aman, que puedan correr en las praderas, calcular la superficie de la libertad, el volumen de la felicidad, sin hambre, sin miedo, recorriendo por entero el perímetro de la alegría.

lunes, 12 de febrero de 2018

“Nunca Jamás”: Acto en conmemoración de las víctimas del Holocausto



El Concejo Municipal y la Alcaldía de Chacao, acompañados de Yad Vashem, autoridad nacional para el recuerdo de los mártires y héroes del Holocausto, la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela CAIV y la Organización sin fines de lucro Espacio Anna Frank, homenajearon a las víctimas del Holocausto en un acto cultural enmarcado en la Resolución 60/7 del 2005 de las Naciones Unidas.

El evento, cuyo propósito fue “prevenir los episodios de genocidio en el futuro, recordando al mundo las lecciones aprendidas del Holocausto” para que hechos como estos no ocurran “Nunca Jamás”, contó con la presentación de Rachelle Kriyer, joven de la comunidad judía local, y Susy Iglicki, sobreviviente de la “Solución final”. 

Prestaron sus voces para la ocasión Jorge Rotker, Harold Vargas, Pedro Stern, Eliana Pinto y Tiempos de Broadway con canciones alusivas a la época de la Segunda Guerra Mundial; se les otorgó el Botón Honorífico del Concejo Municipal de Chacao, junto al Embajador de Alemania, Stefan Andreas Herzberg, quien señaló: "Es tan importante el testimonio de los sobrevivientes... Mi familia y yo transmitiremos las impresiones de Yad Vashem, es lo menos que podemos hacer".

Asimismo se condecoró al homenajeado de la noche, Simón Feuerberg, sobreviviente de la Shoá y testimonio viviente de las atrocidades de la guerra, con la Orden Comunidad del Municipio Chacao. "Preocupados por el llanto de la niña, los padres llegaron a una conclusión: había que deshacerse de ella... La madre la tomó y ahogó en un tobo de agua", relató visiblemente conmovido por sus recuerdos.

“Desde 2015 ha sido un honor  para mí ser el proponente y coordinador general de la Conmemoración de las Víctimas del Holocausto, porque es importante recordar lo que ocurrió para que Nunca Jamás suceda en el mundo”, expresó a su vez el Concejal de Chacao y presidente de la Comisión de Capital Humano, Shully Rosenthal. Por su parte, el Alcalde del Municipio, Gustavo Duque, comentó: “Yad Vashem logra devolverle a cada víctima un rostro, una historia, una familia… Su dignidad”. 

El homenaje culminó con una versión especial del Alma Llanera, que demostró la integración de la comunidad judía con la sociedad venezolana y con unas sentidas palabras: “Agradecemos la acogida y refugio que nos brindó y aquí estamos, tratando como todos, de sacar al país adelante. ¡Somos venezolanos!”.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Palabras del Embajador de Alemania en Venezuela, Sr. Stefan Herzberg, a propósito de In Memoriam 2018



Distinguidos representantes del Espacio Anna Frank,
distinguidos representantes de las instituciones judías en Venezuela,
distinguidos presentes, sobre todo, queridos niños:

Mi cordial agradecimiento a Espacio Anna Frank por la invitación. Con mucho gusto estamos mi esposa y yo nuevamente aquí. Recuerdo con placer el evento del año anterior; lamentablemente, hoy un puesto se encuentra vacío: es el de Marianne Kohn Beker, quien falleció el año pasado. Me inclino ante su trayectoria de vida; como co-fundadora del Espacio Ana Frank, nos dejó un legado perdurable. Mantenerlo y llenarlo de vida constituye, en conmemoración a ella, un compromiso continuo.

Recuerdo la actividad del año pasado, cuando asistimos a la presentación de la ópera infantil Brundibar, con motivo de la conmemoración de la liberación del campo de concentración de Auschwitz. Con razón, también son los niños quienes están esta vez en el centro de la conmemoración. Nueve de cada diez niños judíos fueron asesinados durante el Holocausto, en el territorio ocupado por las fuerzas alemanas y sus aliados: casi 1,5 millones de niños. ¡Qué crimen contra vidas inocentes! Esto demuestra con claridad el objetivo del régimen nazi: robarle el futuro al pueblo judío. Y hoy estamos aquí compartiendo con la juventud, vivo testimonio de que existe futuro para el judaísmo. Protegerlo y apoyarlo es, para nosotros los alemanes, una obligación especial.

El encuentro con ustedes el año pasado, así como los muchos contactos con la comunidad judía, nos han conmovido profundamente a mi esposa y a mí, y este sentimiento no nos ha abandonado en todo el año. Hace justamente cuatro semanas estábamos en Tel Aviv, en nuestra primera visita con toda la familia a Israel. Durante Navidad estuvimos varios días en Jerusalén y visitamos el monumento de Yad Vashem. Mucho es lo que podría contar acerca de esa visita a Israel, pero sólo quisiera mencionar dos aspectos.

Yad Vashem es un centro de conmemoración y documentación impactante, que nos conmovió profundamente. Junto con mi hijo revisamos el registro de las víctimas del Holocausto en búsqueda del nombre Herzberg (con z), Hercberg (con c) y Hertzberg (con tz). Mi abuelo provenía de la región –hoy en día polaca– de Poznan; nuestro apellido parece tener sus raíces en esta región. En todo caso, existen cientos de víctimas con este apellido. Aun cuando no sepa de raíces judías en mi familia, el parecido del apellido y la posibilidad de tener antepasados judíos, cuyos descendientes podrían haber sido víctimas en los campos de concentración, es un pensamiento muy inquietante. Lo relaciona a uno todavía más personalmente con el Holocausto.

También traigo una experiencia muy positiva. En el casco antiguo de Jerusalén, en un espacio increíblemente reducido, convive gente que pertenece a tres religiones diferentes. Siempre estamos viendo las posiciones políticas o religiosas radicales que se enfrentan en el conflicto; sin embargo, la vida diaria allí también me parece que es una vida en relativamente pacífica coexistencia. Jerusalén es un laboratorio viviente para este ensayo de convivencia pacífica y respetuosa, a pesar de las grandes diferencias. Es un continuo desafío, pero funciona. También en Alemania enfrentamos esta tarea, por ejemplo, en la convivencia con nuestros conciudadanos islámicos.

Asimismo, las instituciones judías en el mundo requieren este respeto y reconocimiento de sus derechos manifiestos. Esto también aplica a Venezuela, donde fuerzas polarizadas se enfrentan y la violencia y el odio amenazan con prevalecer. El acto de hoy, con su programa, sienta un precedente de esperanza en estos tiempos de oscuridad. Por tal razón, cuadra muy bien con el aniversario que hoy celebramos.
Deseo a los organizadores mucho éxito, y a ustedes, que lo disfruten.

martes, 30 de enero de 2018

Canto+Juego+Coexisto conquistó el corazón de los niños en la UCV



Una magnífica ocasión para el disfrute tuvieron los adultos y niños que plenaron el Aula Magna de la UCV el pasado domingo 28 de enero a las 11 am para asistir a la presentación del musical Canto+Juego+Coexisto, producido por Espacio Anna Frank. En este vistoso espectáculo, mediante el rescate de valores como el respeto, la responsabilidad, la solidaridad, la cooperación, entre otros, el Reino del Garabato dejó de ser gris y desordenado para convertirse en un lugar brillante y luminoso, ofreciendo un inolvidable aprendizaje que 40 adultos, adolescentes y niños en escena transmitieron con sus voces y sus pasos de baile.

A las diez de la mañana, en los denominados “Puntos de Paz”, los niños asistentes al evento intercambiaron sus juguetes bélicos (soldaditos, pistolas, tanques, etc.) por el CD del musical Canto+Juego y Coexisto. Aquellos pequeños que no llevaron juguetes, dibujaron o escribieron un mensaje por la paz para participar en el canje, como símbolo de la renuncia explícita a la violencia. 



Luego de las once, el acto programado comenzó en el Aula Magna con palabras del profesor Luis Jiménez, coordinador del Área Educativa de Espacio Anna Frank, quien destacó que la misión de la organización es educar sobre la importancia de la coexistencia. Recordó además que la programación In Memoriam de la ONG –que este año, al igual que en su edición previa, se centró en un espectáculo musical infantil– se realizaen el marco de la Resolución 60/7 de la Organización de las Naciones Unidas, que designó el 27 de enero como Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto.

De seguidas, los embajadores de Alemania e Italia, Sr. Stefan Herzberg y Sr. Silvio Mignano, junto al jefe de Misión de la Embajada de Suiza, Didier Chassot, transmitieron un mensaje de paz y esperanza contra la injusticia, la xenofobia y el genocidio, para que hechos tan terribles como el Holocausto no vuelvan a repetirse y, muy especialmente, para enseñarle lo sucedido a las nuevas generaciones y mantener vivo en ellos el recuerdo de las víctimas asesinadas. “Que las tanquetas de la guerra se conviertan en campanas por la paz”, dijo el embajador Mignano.

El entusiasmo invadió el auditorio desde las primeras notas del musical. Mario Sudano, en su papel del Rey Garabato y Mercedes Benmoha, como su asistente Anti, hicieron reír a grandes y chicos con sus diálogos, mientras los músicos y los jóvenes cantantes en escena interpretaban diez temas sobre los valores compuestos por Anita Katz. Estas simpáticas piezas, que nos enseñan a ser cada día mejores como seres humanos y ciudadanos, contaron con la participación del Coro Infantil y Juvenil de la UCV y Producciones “A Voces”, música de Pablo Escalona, bajo la dirección musical y coral de Magda Albarracín, la dirección de escena de Mario Sudano y la producción de Espacio Anna Frank.



La entrada para el evento fue gratuita y el público respondió masivamente colmando el recinto de las Nubes flotantes de Calder con un cálido y largo aplauso al finalizar la función. Sin duda, obras como esta que rescatan valores como la amistad, la superación y la cooperación, son esenciales en la formación de nuestros niños.

Pueden ver el álbum de imágenes del evento aquí